sábado, 10 de febrero de 2018

LEÍDO: “Amnesia de las aves” de Gala Hernández

   Dulce barroco de juventud en esta plaquette que tan exquisitamente microeditan los responsables de Ad Minimum:




en definitiva no distingo

la aguja en el pajar
la máscara en el espejo

¿cuántas estelas de luz son necesarias
para formar una imagen leve, borrosa?
¿cuántas máscaras caben en un cuerpo joven?

LEÍDO: “Material inflamable” de Luis Reynaldo Pérez

   Buen repaso de la poesía que viene desde República Dominicana, que ha vivido un aislamiento literario de décadas, parecido al de Paraguay, Puerto Rico, Bolivia, Ecuador o los países centroamericanos, con la excepción de Nicaragua. Y no habrá que achacar esta situación a su insularidad, ya que Cuba siempre ha sido millonaria en ficción. No estaría de más que se desarrollara cada poco tiempo una especie de congreso general en el que se tomara el pulso con verdadero conocimiento y rigor de lo que puede exhibir cada país hispanohablante en el panorama poético, narrativo, dramatúrgico y ensayístico.
   Un ejemplo de la denuncia que hago es este libro, que no ha llegado a mis manos porque lo haya podido comprar en librerías españolas, sino porque mi buen amigo y experto lector Juan Ángel Martínez Hernández se acordó de mi pasión por América cuando pasó unas semanas laborales en Santo Domingo, coincidiendo con su Feria del Libro.
   El antologador abre su prólogo con una cita de Borges perfectamente convocada: «Nadie puede compilar una antología que sea mucho más que un museo de sus simpatías y diferencias, pero el Tiempo acaba por editar antologías admirables».
   De todos los autores recogidos, destaco el hábil sarcasmo entre los versos de Homero Pumarol —copio un ejemplo—, el spanglish surreal de Ricardo Cabrera, la imaginería de Natacha Batlle, el grito de Abril Troncoso y la prosa nevada de Víctor Saldaña.




ESTE POEMA

De vez en cuando vuelvo a leer este poema.
Me gusta, es corto y fácil de olvidar.
No tiene asunto, anda rápido, no tiene tiempo.
Uno llega al final buscando otra cosa.

LEÍDO: “Entre paja y sueño” de Abdón Torresano Ramón

   Le veo solamente un par de descosidos a este libro: su portada y la editorial en la que está publicado, debido a que el chico —no llega a veinte años— habrá tenido que pagar por ver publicada su ópera prima. Y eso que Círculo Rojo no es de las editoriales de autopublicación más cutres. De hecho, es, creo, de las mejores en ese ámbito o, al menos, de las más veteranas.
   Yendo al contenido, lleno de referencias musicales lógicas por sus afinidades nacionales contemporáneas (Extremoduro, Robe, Chinato), me parece que Abdón mantiene bien el tipo y promete una fuerza mayor en próximos libros. Este post-adolescente guarda un pabellón entero de savia antigua y carne fresca.




Si los dioses te preguntan por tu alma,
si las flores te susurran tus heridas,
si el oráculo te ordena que despiertes,
si el mar agita tu corazón y lo conmueve

no te asustes, pues ya te dije
que la muerte no nos quiere.

MÚSICA DEL SUR I

   Hay personas que quieren colaborar en tu revista gratuitamente —no podemos pagar por nuestras limitaciones y en favor de nuestra absoluta libertad— y eso es de agradecer. Entre ellas, sin embargo, hay quien, por obsesión colaborativa, te envía un artículo el viernes a las 18:00 y como mucho a las 20:00 te manda otro correo persuadiéndote: “¿les ha llegado mi artículo?, ¿les ha llegado mi artículo ya?, ¿les ha llegado mi artículo, señores de El coloquio de los perros?”. Y al día siguiente, sábado por la mañana, otro correo, el sábado por la tarde otra advertencia, y el domingo otro correo más, hasta que le contestas el domingo por la noche, tras morderte la lengua con diplomacia: «Sí, ha llegado correctamente, gracias», aunque en realidad estés pensando: «Sí, me ha llegado, egocéntrico, pesado e impaciente de mierda. El mundo no gira alrededor de tu puto artículo. Hay gente que sale a la calle o descansa y no está pendiente del móvil o el ordenador durante unas horas en su vida».


De Música del sur
[libro inédito]

lunes, 22 de enero de 2018

LEÍDO: “El baile de Madame Kalalú” de Juan Carlos Méndez Guédez

   Esta novela es una fiesta y, como en todo espectáculo narrativo, hay constantemente momentos de agitación, densos, acelerados, delirantes, empalagosos, geniales. Ya bajado ese tobogán, lo importante es el balance del día después, el repaso que le des —como lector— al post festum. Y es positivo. La brisa que ha dejado este merengue psiquiátrico de joyas, carcajeo, pistolas, arte, sexo, medicación y whisky ha terminado seduciéndome a la búsqueda de un segundo baile.




   Copio:

   Si no le he hablado nunca de Javier es porque se trata de una persona tan limitada que jamás ha merecido mi atención. Terrible error. Son los enanos de espíritu los que siempre pueden perturbarnos. Debo tomar eso en cuenta para el futuro. Hay siempre un peligro oculto en la mediocridad. De allí es de donde surgen las peores traiciones, las peores venganzas, los más mezquinos y retorcidos ajustes de cuentas. El mediocre es como el ácido, que parece arder de gusto al tocar una bella pieza de metal cuando en realidad la está destruyendo.

domingo, 21 de enero de 2018

LEÍDO: “Malas” de Miguel Galindo Abellán

   Un profesor de la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia vinculado al teatro me recomendó la lectura de esta obra. La compré, sin dudarlo, ya que el tema era de lo más atractivo: cinco mujeres —Medea, Celestina, Lady Macbeth, Laurencia, Bernarda Alba y Nora— mitificadas en la ficción por sus actos reprochables argumentan ante un tribunal el porqué de su destino.




   No sé si la cercanía territorial tuvo también que ver con esa recomendación fervorosa —somos los tres paisanos—, pero la sensación ha sido algo decepcionante. No por lo que ha hecho Miguel Galindo Abellán, que no está nada mal, sino por la eficacia de la pieza, cuya idea es poderosa y cuyo material daría para desarrollar mucho más el texto. He echado en falta más cruce de voces, más “ayuda” entre ellas. Creo que el autor, aunque defiende muy bien el monólogo de cada anti-heroína histórica, ha pecado de falta de dinamismo en el dramatis personae.

LEÍDO: “Seres de un día” de Antonio Luis Ginés

   Qué placer bucear entre estas treinta poéticas donde el autor vacía tanta profundidad y verdad. En ‘Sucede’ el autor escribe: «La poesía me protege del exterior. Desde que tenía once años lo vivenciaba así, tardé luego algo más en asimilarlo. Una reacción ante lo cotidiano, un espacio —sin tiempo— para tamizar las vivencias, las emociones, pero, claro, vivir así puede resultar un choque entre dos fuerzas, un desequilibrio continuo entre dos polos que no terminan de adaptarse el uno al otro, como mucho a medio convivir sin causarse daño».
   Antonio Luis Ginés se ha quitado su elegante abrigo, lo ha colgado en el perchero, nos ha recibido en casa y se ha puesto ante nosotros el pijama, que es de marca aún más selecta. A mí no me ha sorprendido. Donde hay clase, hay clase.