lunes, 10 de septiembre de 2012

LEÍDO: “El amor en tiempos de Chernobyl” de Ginés Torres Salinas




   Partiendo de la imagen trágica de la explosión en Chernobyl, que coincide en el tiempo con la infancia del autor, éste empieza a evocar un mundo de amor tóxico con detalles poéticos brillantes.


TARDE DE VERANO

Se adensa el cloroformo de la tarde,
puedes tocarlo: es luz pulverizada.
La voluntad se bate en retirada:
fluyen las horas como un río que arde.
Y aunque el último sol, filtrándose ácido,
anega el cuarto en fiera claridad,
no quieres resistir: la enfermedad
es un cansancio doloroso y plácido.
En tu sopor, renuncias al auxilio,
como el príncipe de un país lejano
que se sintiera a gusto en el exilio.
Con el pulso preciso de un orfebre,
en cada cosa el roce del verano
deja un rojizo resplandor de fiebre.

viernes, 7 de septiembre de 2012

LEÍDO: "La vuelta al mundo en 81 días" de Manuel Leguineche

   Leguineche quiere convertirse en Phileas Phogg, un capricho de cualquier amante de Verne. Pero pretende jugar a atrofiar y retorcer el progreso dando la vuelta al mundo en 80 días sin subirse a un avión. Se va al Club Reformista de Londres y escribe y nos hace vivir un libro lleno de atropellos anecdóticos, plagado de situaciones rocambolescas e incidentes que crean un viaje trepidante, ansioso y entretenido.



miércoles, 5 de septiembre de 2012

LEÍDO: "El día que me enamoré de mi BMW" de Raúl Quirós Molina

   No está nada mal para ser un primer poemario. Si comulgas con su estética de desengaño castizo, Raúl Quirós apunta maneras. Hay que esperar un par de libros más adelante a ver cómo mantiene el tipo. La poesía tiene otro ritmo, no es como otros géneros. La poesía es cerebro y corazón, no páncreas o riñón. Y la rima no era intencionada.






domingo, 2 de septiembre de 2012

LEÍDO: “Hércules furioso” de Lucio Anneo Séneca

   Aunque Séneca no es el mejor dramaturgo de sus tiempos, me ha parecido una obra con puntos altos de plasticidad narrativa. Es impactante el cambio de papeles que viven los personajes de Juno y Hércules en la obra. Si ella simboliza la ira y él el sosiego, la cosa se invierte. Triunfo y derrota, como siempre, entrelazados. Pero un encadenamiento a lo bestia, como gustaba a los trágicos clásicos.