domingo, 24 de febrero de 2013

LEÍDO: "California 83" de Pepe Colubi

   Me lo he pasado teta con estos fotogramas narrativos de las peripecias de un chico español del antiguo COU enviado a California. Hilarantes episodios que combinan el gamberrismo de Desmadre a la americana en nivel high school con el extravagante humor ibérico.



viernes, 22 de febrero de 2013

LEÍDO: "Heroína y otros poemas" de Leopoldo María Panero

   Excelentes poemas. Excelente poeta.




la aguja dibuja lenta
algún ciervo entre mis venas
cuando el veneno entra en sangre
mi cerebro es una rosa

lunes, 18 de febrero de 2013

LEÍDO: "Felicidad clandestina" de Clarice Lispector

   Una maravilla. Era la escritora favorita de mi admirado Ezequiel Pérez Plasencia, al que hace ya dos años que echo mucho de menos. Qué nostalgia de su conversación cultural. Cuántas ventanas en mi mente abría en tan solo media hora con un cafelito delante. Pocos lectores he conocido como mi maldito —en el sentido “paneriano” del adjetivo— periodista tinerfeño.



sábado, 16 de febrero de 2013

LEÍDO: "La flor de la tortura" de Raúl Quinto

   Lo he leído muchos años después de su publicación. La razón de esa demora se debe a que este libro ganó el premio de poesía Francisco Villaespesa, en el cual yo quedé finalista con Nómada. Creo que me hubiera abierto bastantes puertas ganarlo, ya que el ganador publicaba en Renacimiento y tendría aseguradas varias reseñas en diferentes foros privilegiados. No pudo ser. Cuando el jurado me comunicó la noticia de mi segundo lugar por teléfono, estuve al borde del llanto. Nunca había estado tan cerca de ganar un premio importante —para mí, entonces, ese premio era importante— y entonces comprendí que debía bajar el listón a la hora de presentarme a los premios. Así lo hice, y el camino poético, a nivel de oportunidades, está siendo más hostil de lo esperado.
   En todo caso, paradojas de la vida, recojo estos versos del libro ganador que cuadran con ese sentimiento del escritor joven que forcejea con otros en competiciones florales.




Comprobar
de qué manera el cuerpo es una máquina
hecha para el dolor.

jueves, 14 de febrero de 2013

LEÍDO: "Tara" de Elena Medel




Nuestro plato favorito requería cierta preparación. Mi abuela abría el pescado en
vertical, leyendo mi futuro.
Sobre la superficie herida distribuía su relleno, con cuidado: las marcas de la muerte no
deben infectarse.
Mientras, ella me hablaba. Yo aún era pequeña; había vuelto del colegio, preguntaba
qué había de almorzar, relamía mis gracias y decía:
peces como los del verano. Por entonces hacía frío. Y al terminar de comer nos sentábamos
juntas, veíamos la televisión juntas, respirábamos juntas cada tarde.
Vivir era costumbre de las dos,
y en verano me enfadaba al verla caminar
orilla arriba
orilla abajo:
yo me enfadaba porque temía perderla en una ola, o que se resfriase, o simplemente
estar lejos de ella unos minutos.
Al volver, me sentaba en su hamaca y me ayudaba a limpiarme la arena de los pies, a
buscar mis ceras en la bolsa, a despegarme la sal y las legañas.

El invierno es, ahora, amable en esta casa. Al entrar he querido encontrarte tranquila,
repitiendo tus historias, sonriendo al recordar los buenos tiempos, como
siempre, siguiendo las costumbres de mi infancia.
Pero ahora no estás. Las dos ya no vivimos, y el frío me agarra por la espalda y me
golpea, recuerda tantas cosas que vuelvo a tener miedo,
y mis ojos
resbalan en mis manos
húmedos
como el pez del invierno.