domingo, 15 de junio de 2014

LEÍDO: “La palidez del eco” de María Teresa Cervantes




AÚN recuerdo aquel hombre en negro y gris,
de cuidada apariencia, parco en sílabas.
Componía odas sáficas y, más tarde, supe
que luchaba laboriosamente con la métrica.
Era silencioso desde un extremo a otro de la vida,
le gustaba asomarse a ver la lluvia.
Apenas se ocupaba de la hora que era
y caminaba solo a través de la noche.


   Mª Teresa ha conocido en París a mucha gente como el hombre que describe en el poema. En Ginebra también conocí a un ser particular, de esos que caminan por la vida sin dirección precisa, pero que recorren caminos sin fin. A veces tuvo la curiosidad de hablar con ellos, otras los dejó pasar y se quedó con el silencio que los envolvía. Andaban la vida tal vez a consecuencia de un conflicto insoluble. La recorrieron trágicamente, como la Ofelia de Shakespeare, a orillas del Támesis, perdida la razón, y clamando: «Sabemos lo que somos, pero no lo que seremos».
   El cuadro de la portada del libro es muy bello. Creo que Melero se esmeró. Él coge al azar alguno de sus dibujos y los ajusta a las portadas de Mª Teresa. Es un pintor muy singular y, al mismo tiempo, muy bueno. No siempre se corresponde ambas virtudes.


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