sábado, 21 de junio de 2014

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Hace más de una década que trato de escribir poesía sin tener en cuenta las bases de los certámenes literarios, ciertas condiciones que con veinte años me inquietaban: ¿debería quitar este poema si lo presento al Adonáis? ¿Al jurado de este premio le interesarán más versos con mucha droga y rock & roll de alto voltaje? ¿Me invento un perfil, tan en boga, de universitaria cosmopolita, políglota y desinhibida sexualmente, y con suerte provoco a algún gestor cultural salido o caigo de pie en alguna editorial moderna?
La cabeza desordenada, la insatisfacción de lo escrito. Pasar los minutos pensando en la idoneidad de una coma o un punto. A veces es imposible sacar brillo a los endecasílabos de una estrofa que se ha declarado insurrecta. A veces es posible sentir el texto amputado o inacabado.

Trato de escribir poesía a puñetazos con la nada.

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