viernes, 28 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Poemas (2004-2014)" de Rae Armantrout

   Esta autora californiana debería haberse editado en Visor, Vaso Roto o en otra editorial que no fuese universitaria, tan poco interesadas —la mayoría— en la promoción y distribución de sus publicaciones.
   Los críticos norteamericanos quieren encasillarla entre los “poetas del lenguaje”, pero se les escurre en cada libro y los pone nerviosos. ¡Minipunto para Rae Armantrout!
   Esfuerzo titánico, por cierto, su traducción. Enhorabuena, otra vez, a mi admirada Natalia Carbajosa.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Nimbos" de José María Díaz Castro

   Una rareza. Es el único libro —publicado en 1961— de este autor en lengua gallega. Preocupaciones existenciales entre terruño y religión. Puede sonar a tostón paleto, pero no lo es. Para un libro que escribió, demostró que sabía trabajar fino, sin chapuzas.




   Un verso suyo:

A beleza fireume para sempre
[La belleza me ha herido para siempre]

martes, 18 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Amor y media vuelta" de Roger Wolfe

   La primera mitad es más potente. Tiene una decena de poemas que son puro escozor. Luego hay algunos juegos que bajan el nivel, sobre todo las versiones libres de canciones pop. Aún así, el último texto en prosa da en el centro de la diana, es un tortazo final de primera.



lunes, 17 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Nadie quiere saber" de Alicia Giménez Barlett

   No sé prácticamente nada de novela policíaca, pero Alicia Giménez Bartlett y su personaje de la inspectora Petra Delicado me han hecho pasar bastantes buenos ratos y me han motivado para seguirles la pista en otras aventuras de polis y cacos por la Barcelona negra. Con eso basta. Objetivo cumplido.



viernes, 14 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Por la concordia" de Francesc Cambó

   He subrayado tantos párrafos que por un momento me he sentido estudiante de Ciencias Políticas preparando un trabajo de fin de curso.



domingo, 9 de noviembre de 2014

LEÍDO: "La Galla Ciencia" Nº2

   Sé lo complicado que es gestionar la cocina de una revista. Pues bien, hay un equipo de cuatro personas en Murcia que, creo, están coordinando la mejor revista de poesía que se edita ahora desde España. Es La galla ciencia. Acabo de comprar su número dos en papel y me quito el sombrero. Mucho trabajo detrás. Y mucha generosidad cultural. ¡Atended, periféricos del mundo!
   Larga vida.



sábado, 8 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Mujer sin edén" de Carmen Conde

   Eva reprochando eternamente su dolor y su sumisión. Y todo por haberse querido desahogar un momento con Adán.
   Como en todos los libros de sus primeros veinticinco años publicando, la autora hizo encaje de bolillos cada vez que trataba un tema religioso y pasó discretamente la censura de la España franquista de 1947.



viernes, 7 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Muertes y entradas" de Dylan Thomas

   Es su libro más extenso. En él caben alucinaciones montañosas, granjeras y marítimas de todos los colores. Y estrofas inolvidables como ésta: «Una vez tuve a un niño rico para mí / amaba su cuerpo y su riqueza azul marino / y viví en su monedero y en su corazón».



miércoles, 5 de noviembre de 2014

RELEÍDO: "Maquillaje" de Pedro Casariego Córdoba

   La trágica muerte de una hija servida dentro de una propuesta poético-cosmética genial que cruza obsesivamente el travestismo y la homosexualidad entre altos y bajos mandos de un ejército instalado entre Rangún y Hanoi. Un viaje que, como lector, he recorrido más de una vez y siempre me deja boquiabierto pensando cómo este escritor no goza de la celebridad crítica de otros poetas marginales en español.



lunes, 3 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Eternidades" de Juan Ramón Jiménez

   Cien años después, lógicamente, este libro de 137 poemas, aunque esté firmado por un clásico descomunal como JRJ, tiene alguna imagen empalagosa, alguna estrofa de brillo apagado o algún giro sintáctico oxidado. Pero, madre mía, lo que daría uno por haber firmado algunos poemas solamente de esta obra. Por ejemplo, éste:




IV

Tira la piedra de hoy,
olvida y duerme. Si es luz,
mañana la encontrarás,
ante la aurora, hecha sol.

domingo, 2 de noviembre de 2014

POETAS EN EL PENTAGRAMA: BUNBURY Y EL VIAJE A NINGUNA PARTE



Bunbury desmontó el circo. Y no porque los enanos le hubiesen crecido. Más bien le estaba ocurriendo todo lo contrario: las pulgas se iban amaestrando solas. La cancelación repentina de la gira de su disco en directo Freak Show en el verano de 2005 fue un golpe para los incondicionales. ¿Dónde se escondió el artista? Si hacemos caso al enigma propuesto en Viaje a ninguna parte obtendremos la respuesta en el mismo título. Y es que Bunbury se había labrado él solito, sin ayuda, un particular camino hacia el abismo desde hacía casi diez años. Rebobinemos brevemente: con Radical Sonora (1997) sorprendió a propios y extraños proponiendo un cambio extremo de vestuario, estilo y filosofía de vida respecto a Héroes del Silencio; con Pequeño (1999) hizo que hasta nuestras abuelas pudieran escuchar rock contemporáneo cantado en español y también consiguió que los amantes de la música no pronunciásemos el explotadísimo adjetivo ‘latino’ sin que se nos cayera la cara de vergüenza; con Flamingos (2002) demostró que desde la música popular aún podían dinamitarse convenciones estéticas y mirar hacia Latinoamérica con la cabeza bien alta, sin provocar pena, sin insistir en el victimismo de los epígonos de Manu Chao.
Aunque parezca una contradicción, Viaje a ninguna parte no fue más que la parada en el vértice del volcán de la creatividad. ¿Obra maestra o pérdida total de la orientación? Con este músico uno se ve obligado a tomar posiciones de inmediato. Yo creo que Bunbury se colocó, orgulloso, en la cima de su carrera. Desde el inicio a la mexicana de ‘Que tengas suertecita’ hasta ese tango esquizofrénico con tintes de vals vienés que es ‘Canto’ se exponía un rosario de canciones en las que veneraba a juglares del fracaso como Dylan, Tom Waits o Nick Cave (‘Los restos del naufragio’) porque padecía la resaca de amores y celos nacidos en la noche tabernaria de ciudades sudamericanas que frecuentaba (‘El rescate’, ‘Carmen Jones’, ‘En la pulpería de Lucita’, ‘Una canción triste’, ‘No me llames cariño’, ‘La chica triste que te hacía reír’). Parecía que la tristeza se apoderaba del ánimo de este tahúr cuando de repente se sacaba un as de la manga y nos ponía a bailar a todos a ritmo de sonido dixieland en ‘Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha’. Tanto la autocrítica como la crítica social y política han sido inherentes al pentagrama de este cuerdo maquillado, de modo que también las encontramos en temas como ‘La señorita hermafrodita’, ‘Adiós, compañeros, adiós’ o ‘El aragonés errante’. Y en mitad de esta fiesta dispuso un título de energía huracanada —nunca mejor dicho, a tenor de la banda que lo acompañaba, El Huracán Ambulante— como es ‘Anidando liendres’; en él se juntaban la fuerza del metal antiguo en el estribillo con la herencia actualizada de dos continentes cargados de historia indígena y occidental. Aquí Bunbury destapa, agita y derrocha la coctelera euro-americana: cabaret berlinés de entreguerras a lo Kurt Weill, dolor del tanguista, tres caribeño, júbilo circense de la factoría freak del cineasta Tod Browning, vientos aztecas, violines pamperos, guitarras eléctricas… Fue el grito de los raros, los marginados que ostentaban la corona. Se tuvieron que disfrazar para conseguirla y obtuvieron los resultados esperados.

A pesar del anuncio de despedida indefinida, el zaragozano siguió dándonos lecciones de teatro hecho música en trabajos posteriores: Hellville de Luxe (2008), Las consecuencias (2010), Licenciado Cantinas (2011) y Palosanto (2013). Como se ve, la función no acabó en Viaje a ninguna parte ni acabará hasta que Bunbury exhale su último suspiro. Lo sabemos. Seguro que no.

sábado, 1 de noviembre de 2014

LEÍDO: "Los pies en el cielo" de Fernando Garcín

   Hay una mujer que es actriz de teatro: Masha Mendes. Tiene un amigo, Solag, con quien dialoga o pasea por un escenario mental (Efimeria) y por un escenario real (el hospital). A partir de ahí los lectores debemos aceptar e interpretar los delirios anestésicos de Masha Mendes construyendo su puzzle narrativo gravitatorio.
   Fernando Garcín cuenta desde la fiebre una historia subterránea, escrita a partir de la libertad de un preoperatorio.