sábado, 17 de enero de 2015

LEÍDO: "La letra escarlata" de Nathaniel Hawthorne

   Me gusta hasta la larga introducción ensayística con la que Hawthorne enmarca esta exploración narrativa del pecado.
   Es lo bueno de las novelas clásicas y controvertidas. Cómo olvidar ya a las selváticas Hester y Pearl Prynne, su inyección de valentía insuflada en el reverendo Dimmensdale para mandar a tomar viento los asfixiantes preceptos que él mismo vocea en el púlpito.
   Y a todo esto los indios, ahí, de comparsas más que de otra cosa, viendo cómo le crecen los cuernos a Roger Chillingworth y cómo estos barbudos blancos teatralizan continuamente sus miserias y ensayan la hipocresía innata del puritanismo, que, como bien se sabe, es de las creaciones más sucias y dañinas del hombre.



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