domingo, 19 de abril de 2015

LEÍDO: “Nadie acabará con los libros” de Umberto Eco y Jean-Claude Carrière

JEAN-CLAUDE CARRIÈRE: Un día, hace veinte o veinticinco años, tomé el metro en la parada Hôtel-de-Ville. En el andén había un banco en el que estaba sentado un hombre que tenía a su lado cuatro o cinco libros. Leía. Los trenes pasaban. Miré a este hombre, al que le interesaban solo sus libros, y decidí pararme un poco. Me picó la curiosidad. Acabé acercándome y empecé una breve conversación. Le pregunté con amabilidad qué hacía allí. Me contó que llegaba todas las mañanas a las ocho y media y se quedaba hasta las doce. Entonces salía una horita, a comer. Luego volvía a ocupar su lugar y se quedaba en el banco hasta las seis. Acababa con estas palabras, que nunca he olvidado: "Leo, nunca he hecho nada más". Entonces me fui, porque tuve la impresión de que le estaba haciendo perder el tiempo.





UMBERTO ECO: ¿Y qué leía?

JEAN-CLAUDE CARRIÈRE: Novelas, libros de historia, ensayos. Me daba la impresión de que en él había una dependencia del acto mismo de la lectura más que un interés real por lo que leía. Se ha dicho que la lectura es un vicio no castigado. Este ejemplo demuestra que se puede convertir en una auténtica perversión.

UMBERTO ECO: Cuando yo era niño, una vecina me regalaba un libro cada año, por Navidad. Un día me preguntó: "Dime, Umbertino, ¿lees para saber qué hay en el libro que estás leyendo o porque te gusta leer?". Y tuve que admitir que no siempre me apasionaba lo que leía. Leía por el gusto de leer, cualquier cosa. Fue una de las grandes revelaciones de mi infancia.


JEAN-CLAUDE CARRIÈRE: Leer por leer, como vivir por vivir. Conocemos también personas que van al cine para ver películas, es decir, imágenes que se mueven de una determinada manera. Poco importa, a veces, lo que la película muestra o cuenta.

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