lunes, 27 de julio de 2015

LEÍDO: “El legado de Humboldt” de Saul Bellow




   Mi pequeña Pilar sostiene a un peso pesado norteamericano. Qué alto, qué musculatura, qué agilidad y raza narrativa tiene Below, madre mía.
   Copio un fragmento minúsculo de las peripecias del protagonista, Charlie Citrine:

   Fui a vivir con George Swiebel, y dormía en el sofá. Muchas veces, de repente, despertaba por la noche deshecho en lágrimas. Algunas veces sacaba a George de su sueño, quien acudía y daba la luz, con su pijama arrugado que descubría sus poderosas piernas. Y declaraba juiciosamente:
   —Un hombre que a sus cincuenta años puede derrumbarse y llorar por una chica, es un hombre que merece todo mi respeto.

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