sábado, 31 de octubre de 2015

LEÍDO: "Mar de Galilea" de Ilhan Berk

   Este libro se publicó en 1958 y lo hemos podido leer en español cuarenta y siete años después. Podemos hacernos una idea del retraso que tenemos atendiendo a la poesía contemporánea de países tan importantes como Turquía y el cuentagotas con el que nos van llegando “novedades” sueltas, con frecuencia fortuitas.
   Consolémonos con la existencia de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo y el trabajo de la infatigable Clara Janés, a la que nunca le agradeceremos lo suficiente el tesoro de traducciones que nos proporciona cada vez que elige una obra relevante. Este Mar de Galilea lo es. Ilhan Berk pertenece a un movimiento literario que se llamó Oscuro-Difícil. Con esta obra lo fundó, junto a la aparición de otros títulos y otros nombres amigos: La gravedad del clavel de Edip Cansever y La Anatolia más hermosa del mundo de Turgut Uyar.
   En los primeros poemas aturde algo la ausencia de comas y puntos, la presencia de palabras repetidas, la elipsis de nexos o frases rotas, pero pronto conectamos vigorosamente con esa atmósfera cubista que planea de principio a fin y que impregna las imágenes, el idioma y los lugares por donde Berk nos pasea, balbuceándonos cosas así en los barrios de Fener o Gálata:


LÁPIZ

Qué digo en mis relatos yo
Eso eso y lo otro ¿no?
Pasa una nube
Digo vivan los insectos flores peces seres humanos Barba Antimos
Viene una mañana de color verde Matisse
La cojo y la pongo en vuestros sueños vuestros libros delante de vuestras casas
Desde ahora cada vez que veáis un verde lo dejaréis todo para mirarlo
Por ejemplo no sé pero ahora los pies de una mujer están a punto de tocar el agua en un poema
Seguro que luego no va a pasar nadie por esta calle
Mira vuela un pájaro va a posarse en un lugar a salvo escribiré
Este niño persigue un cielo
Cosas muy diferentes atrapan a este hombre y esta mujer en esta mesa

Yo siempre lo digo
Cojo un lenguado sus ojos son bonitos digo
Sale una nube ha salido una nube digo

Me aferro al lápiz



viernes, 30 de octubre de 2015

LEÍDO: "Gran Fin" de Monoperro

   Esta portada parece la de una historieta infantil o la de un cómic entre lo naïf y lo underground. Y su título parece básico, facilón. Ninguna de las dos cosas es cierta. Otra vez trampeados por las apariencias.
   El título de este primer libro de Monoperro responde a la influencia que tiene una carta del tarot, Gran Fin, y su contenido son diferentes textos y dibujos que dinamitan el concepto de autoconocimiento y revientan, parodian y comprenden lo que el autor ha denominado «animismo urbano».
   Gran Fin es una publicación de riesgo que editores intrépidos como los zaragozanos de Jekyll & Jill no dudan en ofrecer al lector fronterizo.

   Heterodoxia viva o ¡viva la heterodoxia!



LEÍDO: "Entre los vivos" de Ginés Sánchez

   No sé por qué me atraen los escritores “tardíos”, al menos en cuanto a publicación se refiere. Ginés Sánchez ha vivido muchas experiencias en todos los órdenes por diversos países desde que dejó su profesión de abogado. Ahora, acumulado todo ese bagaje y digeridas múltiples aventuras capitales, se ha sentado en un escritorio para dar rienda suelta a las hazañas decadentes de César Gálvez, «Gusanito», un treintañero de provincias desorientado en el corazón salvaje de una crisis económica y, sobre todo, moral.
   He empezado a leer a este autor al revés y me han dado ganas de ir a comprar sus dos novelas anteriores: Lobisón y Los gatos pardos. Esa apetencia no ocurre siempre, sólo pasa cuando te has sentido atraído y cómodo en unas páginas que juegan a la ambigüedad entre la decencia marginal, la épica de videojuego, el sosiego del amor y la supervivencia anárquica.
   Por «Gusanito» se cruzan las relaciones con su familia, con su amigo Montoya, con Raquel, con Nadiezda y con Janislyn. Sufre un dolor acumulado que no parece tener fondo y no queda más alternativa que pasar a la acción.

   Aquí hay adrenalina. Hay suficiente rock and roll.



lunes, 26 de octubre de 2015

LEÍDO: "Acontecimiento" de Concha García

   Con esta autora pasa que, si no te detienes a paladear cada poema, pueden pasarte desapercibidos muchísimos pormenores. Algunas estrofas de Concha son, ya no sencillas, sino aparentemente simples, hasta que, de súbito, una preposición, un adverbio o una palabra camuflada entre el automatismo cotidiano, te da una bofetada de inteligencia que viene muy bien como estimulante cerebral. Ni en las mejores farmacias, oiga.
   Debo decir que Acontecimiento me parece superior al último, El día anterior al momento de quererle, publicado en Calambur. En Acontecimiento hay poemas de una altura que no encuentro en el otro. Poemas como éste:


SOBRE LA BUTACA

Pensamiento. Luz. Malestar.
Un cuerpo. Echarse sobre
las laderas de un cuerpo.
Poseer el cálido temblor.
Resquicios. Pensamiento.
Tengo un presentimiento. Me domina
un extraño, un cálido presentimiento.
Como si la pérdida
de alguien que no he amado
todavía no me afligiera.



domingo, 25 de octubre de 2015

LEÍDO: "Autorretrato en espejo convexo" de John Ashbery

   Hay gente que no puede hacerlo. Yo, al menos, sí, de modo que juego con ventaja. Me refiero a poder disfrutar de escritores que están situados estéticamente en mis antípodas. Me ha pasado con muchos: Lezama Lima, César Vallejo, Whitman, Bolaño o, no sé, Kafka, autores todos a los que admiro profundamente y me han maravillado durante lecturas y relecturas. Ashbery acaba de añadirse a esta lista de “autores interesantes a cuya influencia soy impermeable”. Esa impermeabilidad es un poco por respeto, otro poco por complejo de inferioridad y un mucho por la certeza de que hay escritores que son únicos en su especie y cualquier epígono suyo termina resultando enternecedoramente ridículo.
   En el prólogo a Autorretrato en espejo convexo dice Julián Jiménez Heffernan que el magmatismo, la espontaneidad, el coloquialismo mezclado con lo elegíaco, el lirismo y la peculiar tonalidad discursiva de Ashbery «a muchos lectores españoles no les parecerá poesía». Ojalá no tenga razón.
   Por último —hablo desde mi yo desprejuiciado, no incluido en ese grupo de lectores españoles mencionado por J. J. Heferman— diré que a mí me gusta escribir poesía caliente. Áspero no quiero ni el tacto de un caqui. Lo áspero debe tener una costra suficientemente frágil para llegar a lo esponjoso. De otra manera, si la aspereza es integral, entiendo que Ashbery no puede darme calor suficiente y termino por ser creativamente impermeable a su propuesta.

   Conclusión: valoro intelectualmente el plan genial e inimitable de Ashbery, pero no me sale abrazarlo. Por el momento, ya que los poemas ‘Grand Galop’ y el homónimo ‘Autorretrato en un espejo convexo’ han demostrado que John sabe bailar muy bien, raro y excepcional, no solo hacerse el interesante en la barra para terminar noche tras noche meneándosela solo entre lágrimas.



POETRY PLANET: Bousoño

   Ha fallecido Carlos Bousoño. Publico una foto tomada por Antonio Lafarque el 13 de diciembre de 2004, día en que recitó el maestro asturiano en el Aula de Poesía Unicaja (Almería). Recuerdo escuchar uno de los aplausos más largos hasta entonces en ese aula, ya extinta por los recortes culturales. Recuerdo que Bousoño recitó uno de mis poemas favoritos: ‘La puerta’. Recuerdo mi satisfacción y su elegancia.

   Sit tibi terra levis.



sábado, 24 de octubre de 2015

LEÍDO: "Habla con medusas" de José Daniel Espejo

   Los humanos bombean y luego palman como un globo de agua arrojado al asfalto, pero algunos nombres nunca morirán.
   Si un futurible Homero del sureste de Iberia cantara alguna vez nuestra historia, debería contar que caminé entre gigantes. Debería contar que viví en los tiempos de Cristina Morano, la caballista más punk; de Javier Moreno, geómetra principal de Myrtea; de Natalia Carbajosa, la mayor sierva de Atenea. Debería contar que viví en los tiempos de José Alcaraz, el que ordenaba los rayos del sol; de Alejandro Hermosilla, el único que logró sodomizar a Cthulhu. Debería contar que viví en los tiempos de Joseda.



LEÍDO: "Mi religión" de Miguel de Unamuno

   Copio dos fragmentos de interés:

   Y bien, se me dirá, “¿Cuál es tu religión?” Y yo responderé: mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarlas mientras viva; mi religión es luchar incesante e incansablemente con el misterio; mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche, como dicen que con Él luchó Jacob. No puedo transigir con aquello del Inconocible —o Incognoscible, como escriben los pedantes— ni con aquello otro de “de aquí no pasarás”. Rechazo el eterno ignorabimus. Y en todo caso, quiero trepar a lo inaccesible.

[…]

   De lo que huyo, repito, como de la peste, es de que me clasifiquen, y quiero morirme oyendo preguntar de mí a los holgazanes de espíritu que se paren alguna vez a oírme: “Y este señor, ¿qué es?” Los liberales o progresistas tontos me tendrán por reaccionario y acaso por místico, sin saber, por supuesto, lo que esto quiere decir, y los conservadores y reaccionarios tontos me tendrán por una especie de anarquista espiritual, y unos y otros, por un pobre señor afanoso de singularizarse y de pasar por original y cuya cabeza es una olla de grillos. Pero nadie debe cuidarse de lo que piensen de él los tontos, sean progresistas o conservadores, liberales o reaccionarios.

   Y como el hombre es terco y no suele querer enterarse y acostumbra después que se le ha sermoneado cuatro horas a volver a las andadas, los preguntones, si leen esto, volverán a preguntarme: “Bueno; pero ¿qué soluciones traes?” Y yo, para concluir, les diré que si quieren soluciones, acudan a la tienda de enfrente, porque en la mía no se vende semejante artículo. Mi empeño ha sido, es y será que los que me lean, piensen y mediten en las cosas fundamentales, y no ha sido nunca el de darles pensamientos hechos. Yo he buscado siempre agitar, y, a lo sumo, sugerir, más que instruir. Si yo vendo pan, no es pan, sino levadura o fermento.



LEÍDO: "La pasión de la libertad" de Alfredo Rodríguez y José María Álvarez

   Alfredo Rodríguez consigue profundizar en un género literario —la entrevista— que normalmente se reduce a un solo libro cuando se trata de un diálogo hondo con personajes de relevancia cultural internacional. Obviamente, José María Álvarez no es Mahatma Gandhi, ni Picasso, ni Borges; sin embargo, es el protagonista de este ¡segundo! volumen de entrevistas y, al parecer, si los rumores que me llegan son fiables, hay preparándose un ¡tercer! tomo con otro armamento de preguntas cargadas de admiración incurable.
   El promotor de esta honda conversación prolongada entre París, Pamplona y los caminos de Internet está también ennobleciendo artísticamente la mitomanía literaria, tan desprestigiada, tan acusada de pueril o poco inteligente, más aún en los tiempos que corren, que son de una fragilidad tan peligrosa.

   Pues nada, aunque vivamos bajo el dominio del antiheroísmo, ahí sigue picando el mitómano pamplonés, más abajo aún, negándose a cortar el cordón umbilical que le une a uno de los mejores poetas europeos vivos y haciendo que una entrevista leída —no vista ni escuchada— siga teniendo sentido, riqueza y, además, siga elevándote por momentos en su lectura como una fiebre de maravilla adolescente.



LEÍDO: "El mundo sin usted" de Francisco Vicente Conesa

   El autor de esta obra acaba de cumplir veintiún años; conoce bien los códigos y los referentes para apuntar alto en la poesía contemporánea; estudia Psicología; canta en un grupo de pop-folk, Ayoho, con el que acaba de publicar su disco Deference & Wonder y se pasea por diferentes festivales multitudinarios cosechando aplausos y un número creciente de seguidores. Termino de leer su biografía en la solapa del libro, hago un repaso de mis quehaceres artísticos a su edad y, de inmediato, mi pene se reduce a lo microscópico. Quería decir mi ego.




jueves, 8 de octubre de 2015

LEÍDO: "Hazañas de los malos tiempos" de Cristina Morano

   No sé con exactitud quién inauguró esta tendencia de prosa exhibicionista y liberadora que, imagino, sería el sueño cumplido de cualquier psicólogo. Sí sé que el noruego Knausgård destaca en los estantes de las librerías de medio mundo y que en España y en el resto de Europa la novela-documental o la narrativa autobiográfica extrema llenan las obras de decenas de autores y están haciendo furor en el último lustro. No estamos hablando de literatura de diarios o de libros de memorias. No. Esto parece otra cosa, una especie de subgénero neorrealista de interior o un ultra-retratismo terapéutico. No sé, no soy crítico literario ni académico. Además, seguro que hay ya estudios que analizan esto de forma muy sutil y no voy yo a descubrir ahora el nombre científico de la culpa, la miseria o del “mal rollo” que anida en este tipo de escritura.
   Conozco la poesía de Cristina Morano desde su primer libro hasta el último, Cambio climático, y ella no ha llegado a esto hace dos días. En su verso siempre ha estado bastante presente la intimidad, la física, la emocional, incluso la territorial. A veces ha sido más explícita y otras más camuflada, pero nunca con paliativos. Por tanto, un lector que sepa de Cristina sólo a raíz de Hazañas de los malos tiempos —enhorabuena, por cierto, a la recién nacida editorial Newcastle— sentirá que el grueso de este libro es comparable al último desfile de Prêt-à-porter de Robert Altman, una cumbre, un tope, y querrá saber más de Cristina, explorarla hacia atrás en su trayectoria y estar muy pendiente de todo lo que vaya a escribir en adelante. Porque, ¿qué se le puede ocurrir a un modisto después de hacer desfilar a todas sus modelos en pelotas?




domingo, 4 de octubre de 2015

LEÍDO: "¡Melisande! ¿Qué son los sueños?" de Hillel Halkin

   De todas las virtudes que tiene esta novela de amistad triangular, lo que más me ha interesado son los diálogos entre dos de sus vértices protagonistas, Hoo y Melisande, en el proceso psicológico que supone para una pareja tomar la decisión de adoptar a un niño, los desequilibrios y compensaciones entre un hombre y una mujer decidiendo ser proto-padres.

   Por otro lado, mi aplauso para Halkin por saber literaturizar con maestría el amor tranquilo que comporta un matrimonio. Eso —cualquiera lo sabe— es dificilísimo.