sábado, 30 de enero de 2016

LEÍDO: "Mirando al suelo" de Francisco Béjar

   Dos protagonistas eficaces, Tiago y El Alergias, que no necesitan saber nada del futuro ni del ‘Working class hero’ de Lennon. Dos pícaros sin remedio en Opel Kadett cuya vida básica se complica de un día para otro sobre un escenario de ultimátum, mentiras y venganzas donde andan revueltas punkis buenorras y resabiadas con garrulos que van de modernos, porretas de café marxista y merendero huertano, filósofos de contenedor, gánsteres de baja escala e inmigrantes multicolor trapicheando de barrio en barrio, mendigos con pasados infinitos, niñatos e iluminados farloperos, fiesteros arrastrados, calígulas de la burocracia y nerones culturales; todo agitado en una novela a caballo entre el noir costumbrista, la crítica social, la crónica urgente de la putrefacción burocrática, política y económica surgida del boom inmobiliario. Un retrato móvil del hampa de provincias con tintes del primer Montero Glez. Una novela moral. Memorias de una semana con Francisco García Pavón siglo XXI liándola por el corazón de Murcia.



viernes, 29 de enero de 2016

LEÍDO: "Quienes me habitan" de Carlos Vaquerizo

   Este sevillano ganó el premio Adonáis en 2005 por Fiera venganza del tiempo. Pocos meses después le publicamos un poema inédito de curioso título en el número trece de El coloquio de los perros: ‘Te ha gustado ese verso que no es mío’. Algo de eso he sentido leyendo este nuevo libro, a diez años de distancia: versos que me han gustado, pero que desgraciadamente no son míos. Ese instante, ese pellizco, ese breve proceso de asentimiento primero, seguido de admiración y envidia constructiva al final.
   Creo que este poemario también podría haber ganado de nuevo el premio Adonáis, ya que está en una línea muy acorde con las preferencias de su jurado. Parece que Carlos Vaquerizo, cuando ganó el fallo de 2005, no fue porque ajustara su poemario a los requisitos temáticos de dicho premio, sino porque era así, un libro escrito con franqueza. Con Quienes me habitan creo que queda demostrado que Vaquerizo era y es, en el mejor sentido posible, un poeta Adonáis.
   Tengo cuatro poemas favoritos, de los que escojo y copio éste:


XIV

El hombre, de repente, sintió miedo.
Miró a su alrededor y sintió miedo,
pues no veía nada más que a hombres.
Entonces ideó cosmogonías
donde su miedo tomaría otra forma:
pasó a llamarse dios.



jueves, 21 de enero de 2016

LEÍDO: "La casa roja" de Juan Carlos Mestre

   No conozco a Juan Carlos Mestre más que por amigos comunes, amigos de procedencias ideológicas y estéticas muy dispares. Todos ellos coinciden en su carácter generoso. Tendré que creérmelo cuando el abanico entero de testigos afirma lo mismo.
   Por esta obra fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía en 2009, y no me extraña. Tiene para todos y no flaquea: humor judío, humor político, humor poético, interculturalidad natural, culturalismo nada forzado, reivindicación y constatación de un surrealismo hipercreativo. Y lo más importante para mí: Mestre sabe perfectamente que la poesía es JUEGO y FUEGO.

   Tras la lectura de La casa roja tengo clarísimo algo: mi deseo de que Juan Carlos Mestre sea Presidente del Gobierno de España.



LEÍDO: "Hombres desnudos" de Alicia Giménez Bartlett

   Hacía once años que no tenía en mis manos una novela ganadora del Premio Planeta, desde Un milagro en equilibrio de Lucía Etxebarría, un regalo navideño familiar de cuando mi mujer y yo nos estrenamos como padres en 2005. El caso es que esta semana un colega, uno de los lectores más desinhibidos que conozco, me quiso prestar este libro, ya que hace tiempo habíamos hablado sobre la gracia que nos hacían Petra Delicado y Fermín Garzón, los inspectores de policía creados por Alicia Giménez Bartlett.
   —Juande, léete esta novela. No es un caso de Petra Delicado, pero te va a gustar el personaje de Iván, el follaviejas.
   Quien me conoce bien sabe que suelo vivir mentalmente en Urano y —de verdad, no es coña ni postureo barato— yo desconocía que Hombres desnudos era el Premio Planeta 2015. Así que contesté directo y simple.
   —Vale.

   Y eso he hecho. Voy a ahorrarme criticar la novela. Sólo diré que Giménez Bartlett ha realizado correctamente el encargo que se le hizo.



sábado, 16 de enero de 2016

LEÍDO: "Las Inviernas" de Cristina Sánchez-Andrade

    Si tiramos del hilo, se nos descose la historia de las hermanas Dolores y Saladina por toda la tradición literaria gallega desde Xosé Luís Méndez Ferrín, Cunqueiro, Wenceslao Fernández Flores, y un largo etcétera hasta llegar, con el debido respeto y la adecuada distancia, a Valle-Inclán. Y la costura se deshilacharía mucho más, seguro, pero mi conocimiento de los autores de fantasía galaica es muy limitado.
  Cómo no, en Tierra de Chá suceden muertes y apariciones heredadas también de la vieja escuela del realismo mágico americano, aunque algo desnatado, por si empachara.
   Uno, que de magia estilística latina sí posee más conocimiento, tiene la sensación de que ya había leído cosas muy parecidas a las que ocurren en Tierra de Chá, pero no desagrada la falta de sorpresa. Qué va. De hecho, agrada si se lee en el momento justo. Y a mí me ha pillado esta lectura de Las Inviernas en esos días caprichosos en que un café con leche de Rubia Gallega me apetecía más que un exquisito solo “macondino” de Manizales. Por eso seguirá removiéndose en esta taza el recuerdo alegre de personajes como el maestro tío Rosendo, la viuda de Meis, el abuelo don Reinaldo, la bruja Violeta da Cuqueira o el dentista-transformista Tiernoamor.



viernes, 8 de enero de 2016

LEÍDO: "El ensayo como género literario"

         Los libros de publicación universitaria —éste lo sacó la de Murcia en 2005— merecen una atención ridícula en los medios literarios, viven aletargados en departamentos docentes o en bibliotecas de enseñanza superior, asistidos eventualmente por investigadores o profesionales especializados.
         El ensayo como género literario es un título prometedor en el que se escarba y analiza la creación de hitos fundacionales como Montaigne, Bacon o pensadores intuitivos como, entre otros, Nietzsche, Benjamin, Simone Weil, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Unamuno, Ortega, Zambrano... Antonio Lastra, por ejemplo, trata el asombroso caso del cubano Lezama Lima, entregado a un ensayismo de creatividad total. No es de extrañar que Hispanoamérica, su inteligencia, esté presente en esta obra agrupada, ya que detrás de la edición hallamos, junto a Mª Dolores Adsuar y Belén Hernández, al catedrático de Literatura Hispanoamericana Vicente Cervera Salinas, probablemente el profesor que mejor enseña esta materia en España.
         Me quedo, tras leerlo y enriquecerme, con las ganas de un impulso colectivo menos cargado de tecnicismos y más fluidez reflexiva. Siempre hago hincapié en la idea —¿inevitable?— del cerco academicista y científico.
         Colaboran, eso sí, figuras indiscutibles del humanismo contemporáneo hispánico: José Mª Pozuelo Yvancos, Pedro Aullón de Haro o Francisco Jarauta, que lógicamente barre para su casa, la Filosofía: «Conviértese así el ensayo en los diálogos socráticos de nuestro tiempo».



jueves, 7 de enero de 2016

LEÍDO: "El instante de peligro" de Miguel Ángel Hernández

         Las bacterias benjaminianas que enfermaron las vísceras del joven estudiante Miguel Ángel Hernández se extendieron a toda velocidad atravesando las diferentes fases de licenciado, investigador, profesor, crítico y ensayista de arte, llegando por fin a afectar la zona más protegida y vigorosa de su organismo creativo: la novela.
         Esta segunda obra tenía muchas fuerzas en contra al publicarse después del éxito de su debut Intento de escapada y tratando un tema parejo en ambas: el enlace ficción vs. realidad que aborda el arte contemporáneo. Sin embargo, el autor ha sabido resolver de un manotazo cualquier obstáculo comparativo poniendo un océano y un continente de por medio, de manera que a las tres o cuatro páginas de El instante de peligro ya hemos olvidado completamente los logros narrativos anteriores para centrar nuestra atención en la coctelera multinacional de frustraciones y hallazgos que va a agitarse en el Clark Art Institute.
         El instante de peligro no tiene nada que ver con una novela de ambiente universitario a lo Animal House. De hecho, al comienzo de su trabajo en Williamstown, el protagonista español pregunta a su colaboradora italiana Anna Morelli: “¿Dónde están los estudiantes?”, a lo que ella responde: “¿Dónde van a estar? Estudiando”. Esto no va de borracheras entre boys and girls en las hermandades Delta o Tau. Esto va de teóricos activos, no de docentes cómodos y satisfechos; va de empirismo artístico dejándose la piel en la experiencia; va de perseguidores intrépidos frente a la vida.

         One step beyond!



LEÍDO: "Poetas malditos del rock" de Cale, Ayers, Murphy y Furey

         Gracias a la colección Espiral de la editorial Fundamentos durante las dos últimas décadas del siglo pasado podíamos leer en español letras de canciones en inglés no muy conocidas en tierras hispanas, forjadas en otros yunques, escondidos en los sótanos de la música popular. Ahora Tito Google puede hacer ese trabajo casi sin instrucciones. Nuevos tiempos, nuevas búsquedas para la lírica del rock.

         Escojo algunos versos de cada compositor:


Nada me asusta más
que la religión en mi puerta.

John Cale
‘Sobornos de ninguna clase’


Pegó una gran calada al cigarrillo verde
y dijo «Creo que voy a hacer las maletas.
Estoy harto de engañar y de malgastar mi talento.
Estoy llenando de pasta la bolsa del jefe.
Quiero que me toque el sol y la lluvia.
Quiero volver a sentir el viento en mi piel.
El mundo es grande y aún tengo tiempo».

Kevin Ayers
‘Desconocido con zapatos de ante azul’


Un guía turístico explica mascando chicle:
«Tenían una religión, rascacielismo.
Si eras negro, vivías en la cárcel.
Por antiguas carteleras supimos
que tenían un dios, su nombre era Rock’n Roll».

Elliott Murphy
‘Buscando un héroe’


Estoy en el paro.
Elementalmente,
soy Tarzán.

Soy Guillermo Tell,
el cielo o el infierno.

Atado y amarrado
como cualquier otra vaca esperando
el hierro que marque su piel.

Soy un pequeño alfiler
mirando cómo bailan los ángeles
a su alrededor.

Soy una taza de té.
En mi poso
una procedía.

Lewis Furey
‘El cielo está cayendo’


Traducción: Alberto Manzano



lunes, 4 de enero de 2016

LEÍDO: "Nuevo viaje a la Alcarria" de Camilo José Cela

   El Cela que más he saboreado no es el de la ficción novelística. Apenas he leído La familia de Pascual Duarte, La colmena, Pabellón de reposo y Cristo versus Arizona. Tampoco el de la ficción dramática experimental y oportunista —María Sabina, El carro de heno o el inventor de la guillotina— ni el de la poesía cachonda o picantona de Viaje a USA o El que la sigue la mata, que tiene su gracia, no lo voy a negar, pero que se suele quedar en versos chistosos de usar y tirar, y algunos sin fuste. He disfrutado mucho más con el Cela articulista, el entrevistador de Conversaciones españolas o con mis dos Celas favoritos: el observador ocurrente de apuntes carpetovetónicos —Izas, rabizas y colipoterras, La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona, Toreo de salón— y el de la ficción viajera —Barcelona, Viaje al Pirineo de Lérida, Viaje a la Alcarria—, cuando se embute fácilmente en un traje de costumbrismo socarrón zurcido con pedazos de mala leche, extravagancia, ternura, nostalgia, crítica, autocrítica y sobre todo humanismo.
   Creí que la coralidad rural de Viaje a la Alcarria era insuperable, pero he de decir que Nuevo viaje a la Alcarria, escrito por encargo en plena democracia felipista y educación televisiva, con cuarenta años y cuarenta kilos de más, conducido por la exuberante negra Viviana Gordon (Oteliña) en un Rolls-Royce, coloreando el neo-costumbrismo de pueblos que aún se resistían a homogeneizarse, iguala como mínimo ese récord.


         —¿Quiere refrescar un poco la garganta?
         —Sí quiero, ¿no voy a querer?
         —¿Le damos un poco a las chuletas?
         —¿A usted qué le parece?



sábado, 2 de enero de 2016

LEÍDO: "Las hojas rojas" de Julio Monteverde

         Todavía quedan microeditoriales como la cántabra Sol y Sombra que publican a poetas casi furtivamente. Imprimen desde Rennes, lo que nos permite fabular nostálgicamente con los salvoconductos hispano-galos en la clandestinidad franquista.
         Todavía quedan poetas surreales en Madrid que leen a Blanchot o a Louis Aragon. Todavía hay poetas que valoran justamente la palabra “herencia” antes de cerrar la puerta de la casa familiar y cumplir su propia misión.
         Los dos poemas que más me han interesado han sido los titulados ‘Lazos de amistad’ y ‘Los viejos problemas’. Copio el primero. El último lo dejo para que lo investigue y lo encuentre el lector curioso de estas líneas:


LAZOS DE AMISTAD

el tiempo abre los caminos
tiene amplias galerías desiertas como playas
desde las que se divisa el continente
en mis sueños ellos siempre vuelven
una y otra vez condenados por crímenes antiguos
son cadáveres me hablan como si tuviera que salvarles
yo les pongo un cuenco en el suelo
y les dejo acercarse los codos en la mesa
aquella música vuelve a sonar ellos
golpean la ventana con su anillo
qué hice para que regresen en sus caballos
y me persigan por caminos de tierra
los vínculos eran de otro tiempo
estoy formado por su luz
aunque ya no tenga nada que decirles mis manos
van solas hacia ellos quieren volver a tocarlos
les sigo esperando y no quiero que regresen
el choque es demasiado hondo
pero en las calles a veces
les sigo buscando y estoy desnudo
porque el cadáver soy yo



viernes, 1 de enero de 2016

LEÍDO: "Cisne azul o cisne negro" de Isabel García Hualde

         En Tafalla (Navarra), allá por 2007 le concedieron a Nómada el premio de la Fundación María del Villar, absolutamente limpio y humilde. Supuso un empujón decisivo para que un poeta desconocido como yo —joven aún, pero tardío, ya que no había publicado ningún libro todavía— ganara la suficiente autoestima creativa siendo premiado por el criterio de un jurado ajeno, lejos de las palmaditas en la espalda de amigos, conocidos o familiares.
         Sigo siendo desconocido —esto es literatura, amigos, y concretamente poesía—, pero mi edificio ya tiene los cimientos terminados y los dos primeros pisos construidos. Ni puedo ni debo quejarme.
         Este premio se falla en diciembre. Todos los diciembres estoy atento a ver quién lo ha ganado. Y le ha tocado —¡ya era hora!— a una poeta de la zona, a una poeta navarra.
         Copio el poema que más me ha interesado de Cisne azul o cisne negro:


EN TRÁNSITO

Septiembre          alguien enciende la radio
en una habitación
(hubo una llamada Paraíso)

es de noche
facturas cursos tu vida
todo empaquetado
el anverso malo de una escritura

¡toc-toc!
¿algún insomne solitario o sombra
en algún lugar
echando de menos a algo
                                 o a alguien?

Un buen sueño
el mejor amante entrando
despacio despacio como un poema

ciudades estratos destellos y tú
extendida en cincuenta versiones
a punto de cerrar los ojos
que se derraman en vertical
                 y hasta mañana corazón.

Anoche hacía frío en el lago Ness

—gotas de sangre negra bajo la lluvia—

tiembla fría muchacha de blanco

                                       mirando al cielo.