martes, 15 de marzo de 2016

LEÍDO: "Habitación en W" de Álex Chico

   Habría que felicitar a la editorial Isla de Siltolá por el rumbo que está tomando su colección “Tierra”. Esta casa sevillana es un foco de luz más entre la constelación de editoriales españolas que están apostando por la poesía de autores emergentes y en camino de consolidarse.
   Conocía textos sueltos de Álex Chico, pero aún no había leído ningún libro suyo. Habitación en W es un fruto con mucho jugo. “Dime la categoría de tus lecturas y te diré cómo escribes” es un silogismo no aplicable para generalizar, sin embargo hay casos en los que un trasvase tiene buenos filtros y se puede apreciar que de buena materia salen buenos productos si el obrero que la trabaja es cuidadoso y fino.
   Uno de los poemas que más me ha gustado ha sido éste, el primero de la parte titulada ‘Escritorio’:

Vuelves solo a este lugar.
Cierras la puerta
y miras a tu alrededor.
Los libros se agolpan
sobre los estantes.
Dirías que, por un momento,
no guardan nada en su interior.
Se vacían,
lentamente.


Como tú.



sábado, 12 de marzo de 2016

LEÍDO: "Este mal" de Julia Castillo

   Si las ferias de ARCO o ART BASEL fuesen literarias, este libro optaría a la candidatura warholiana de tres minutos de gloria en los informativos. Se trata, al fin y al cabo, de que el espectador común sienta complejo de inferioridad intelectual mientras el autor se marca una teoría convincente sobre su chapuza “vanguardista”, casi perdonándole la vida. Así, dicho espectador sólo se quedaría con la idea de que el 90% de los que exponen en dichas ferias son una pandilla de vende-humos mediocres sin respeto alguno hacia el receptor.
   Julia Castillo mutila los versos de sus poemas. Pregúntenle a ella por qué lo hace, yo no tengo ni pajolera idea, pero seguro que desplegaría ante nosotros un discurso argumentativo sobre su acción creadora que dejaría boquiabierto al mismísimo Hugo Ball. Con esa escritura amputada, lo más sugerente que he encontrado en Este mal han sido estos versos mancos:

Nubes, lo
Fuera suspiros

Para más mal
Y que dirá

A las flores

Mátame, breves
No me obligo

   ¡Experimenten, señoras y señores, experimenten, no paren de experimentar y mostrarnos sus “novedades” líricas! ¡Ánimo, visionarios filosóficos de pacotilla, adelante, sigan descojonándose de la gente a sus espaldas!



sábado, 5 de marzo de 2016

POETRY PLANET: Enrique Lihn

    Una poética de Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988) para recordarnos que el hecho de escribir no es sólo terapia curativa. Para curarse hay muchas vías médicas, psicológicas, religiosas, etc. La escritura también puede ser una herramienta, vale, pero sobre todo -suene a topicazo o no- escribir es una forma de estar en el mundo.


AHORA QUE quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria—
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces.

De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí, porque escribí estoy vivo.



martes, 1 de marzo de 2016

POETRY PLANET: Matsuo Bashō

   Y en el siglo XVII, el mismo en que murieron el viejo Will en Inglaterra y Cervantes en España, Bashō escribía perlas como ésta en Japón:

No sigas las huellas de los antiguos
busca lo que ellos buscaron.