martes, 31 de mayo de 2016

LEÍDO: "Verbos por dentelladas" de Noelia Illán Conesa

   Se puede estar “envenenada” por un autor (en el caso que nos ocupa, el enorme novísimo José María Álvarez) y, sin embargo, construir un discurso sobresaliente, aplicando a esa pócima experiencias e iluminaciones propias. Noelia Illán lleva unas cuantas en la mochila, así que si le sale del monte de Venus —ella lo llama Tierra de Mordor— añadirle más greco-latinidad, ponerle un poco de confesionalidad punk, de ambigüedad sexual y de rock and roll al mundo alvareziano sobre el que se sostiene este libro, bien hecho está. Se pueden distinguir colores vivos a los pies de un gigante. Yo los veo, desde luego. ¡Dame veneno, que quiero morir, dame veneno!




DESCONCIERTO 


Hombre astuto
que erró mucho tiempo… 

Homero          


Reconozco a veces mi vida en algunos sitios.        
El café, un cigarro, una terraza agradable.        
Las Mezquitas me tuvieron dentro,        
me perdí en las calles del Bazar.         
En Nueva York tengo ropa en la tintorería,        
veo caras conocidas en el barrio de Termini,         
tratos familiares en Alexander Platz.         
A veces, perfecta realidad. Otras, abismo.         
Otras veces, sólo soy real en Cartagena.
Y esa sensación me asfixia.

lunes, 23 de mayo de 2016

RELEÍDO: "Las Meninas" de Antonio Buero Vallejo

   Del positivismo teatral de Buero ante la censura franquista; de lucidez y desmitificación; de la pintura cumpliendo su función social en la corte del siglo XVII y en los escenarios de 1960, tiempos autoritarios ambos; de conflictos conyugales, familiares, judiciales, eclesiásticos y artísticos; de chanchullos, vicios y hábitos decadentes; de cuerpos deformes y morales contrahechas; del pueblo consciente de que lo están ninguneando, maltratando y saqueando; de llanto y rebeldía, de conmoción y vehemencia, de dignidad y autodefensa; del hombre evolucionando.
   De la inteligencia, a veces, solo a veces, ganando al poder.



sábado, 21 de mayo de 2016

LEÍDO: "La puntualidad de Heinrich Böll" de Salvador Galán Moreu

   Aunque se convierta en una suma de contrarios, esta obra es de un romanticismo diáfano, de un belicismo luminoso, de una espesura simbólica que fluye perfectamente.
   Me gusta que este autor arriesgue con un libro homenajeando en verso la obra narrativa de Heinrich Böll y que lo haga atendiendo al reloj, anudando y tensando la cuerda metaliteraria e interreferencial con Camus, Cèline, Brecht, Tomeo o Philip K. Dick. Me gusta que este autor haga crecer la piratería discursiva que inició con su anterior Libro del Diabologán. Me gusta que este sampler “böllano” produzca la new session lírica del melancólico y ambiental DJ Moreu. Me gustan poemas políticos como éste:

AMOR

¿Se le puede llamar a esto adulterio
cuando silban las bombas tan cercanas
a esta oscuridad donde ya nadie sabe a qué pertenece
porque solo dos bandos conocemos
y ella, tenga cincuenta o veinte años,
sea rusa, polaca o alemana,
está sola en el mío que es el del puro miedo?



LEÍDO: "Las salinas del aliento" de Manuel Guerrero Cabrera

   Aparte de que esté apadrinado por Luis Alberto de Cuenca, hay libros que se justifican enteros con el pomo refulgente del portalón que los abre. Y eso ocurre con este canto al proceso de reproducción. El laboratorio somos nosotros. Manuel Guerrero nos da la bienvenida con un haiku de aleación vital y literaria patrocinado por Poe y Dante:

Ecografía.
Corazón delator.
La nueva vida.



jueves, 19 de mayo de 2016

LEÍDO: "Farándula" de Marta Sanz

   A nuevos tiempos, nuevos divismos. Lentejuelas contra leggins, cigarrillos largos contra chicles para el mal aliento, clases de ortofonía contra pronunciación natural, farras nocturnas infinitas contra gimnasio y bebidas isotónicas, y presión, mucha presión psicológica en una novela madrileña sobre la miseria que esconden las máscaras de la exquisitez en el mundo de la actuación teatral, cinematográfica, televisiva y —la más interesante— de la actuación real. Hay una velocidad descriptiva y un extraordinario despliegue lingüístico, unos retratos de personajes asombrosos y un estilo fornido en las caracterizaciones y ambientaciones que, si muchas veces es esplendoroso, en otros momentos llega a abusar de enumeraciones excesivas y fatigosas. Tiene su lógica: la farándula es, en esencia, desequilibrada y barroca.



miércoles, 18 de mayo de 2016

LEÍDO: "Hierba en los tejados" de Rafael Espejo

   Viajo en el vagón económico de la “Generación del 75”, pero en ciertas paradas coincido en la cantina de la estación con algunos varones españoles del grupo de los que viajan en primera, los saludo, los respeto, los observo, me acerco a escuchar sus conversaciones para intentar aprender de ellos técnicas, maneras, referencias ignoradas... Cuando vuelvo a mi vagón, los leo con la agitación y el interés del contemporáneo.
   La poesía de Rafael Espejo no tiene la nieve de José Luis Rey, la aventura de Pablo García Casado ni la ciencia de Vicente Luis Mora, es menos abstracta que la de Juan Carlos Abril, menos secreta que la de Carlos Pardo, menos rizada que la de Antonio Lucas, tan efectiva como la de Josep M. Rodríguez, menos veloz que la de Joaquín Pérez Azaústre, menos frágil que la de Juan Antonio Bernier, tan honda y elegante como la de Abraham Gragera.




   Este libro es una cumbre y Rafa tiene solo cuarenta años. Siento verdadera admiración por su obra.
   Copio uno de los muchos poemas de altísimo vuelo que componen Hierba en los tejados:


HIPÓTESIS

Si muero alguna vez
no quiero camposantos:
qué ridícula imagen de la muerte,
que es inmensa,
apresada en el féretro.

Si llegase a morir
no me echéis a una hoguera:
debo respeto al cuerpo que me da cobijo,
y dado que es de agua
no lo ofendáis con fuego.

Si por error muriese
no me aromaticéis,
no me mortifiquéis,
dejadme estar.

Si finalmente he de morir un día
enterradme sin rito en un monte collado,
desnudo como vine

para que en otra era,
si una muchacha pasa silbando por ahí,
si tropieza con una piedra blanca
que se asoma a la tierra,
quizá la desincruste
y frote con cariño mi cráneo inmaculado.

y lo acerque a su oreja
                                  y oiga atenta el rumor
de un teatro vacío.

lunes, 16 de mayo de 2016

LEÍDO: "Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino" de Diego Sánchez Aguilar

   Me emociona y me enorgullece ver publicado este estreno narrativo de Diego Sánchez Aguilar. No insistiré en su generosidad, su bonhomía, su compromiso cívico, la amistad que me une a él y a su mujer, Mª Luisa, lo cojonudos que son y los momentos extraordinarios que hemos vivido juntos en bares, terrazas, centros culturales, recitales, calles, manifestaciones, playas, noches, celebraciones y, cómo no, en esa casa de Calaflores que va camino de convertirse en una construcción mítica, al estilo de la de Carlos Barral en el Calafell de los sesenta o la de Juan Marsé en la Costa Dorada de Tarragona, pero en versión cabopalera. En cualquier caso, digna de estudio para los futuros investigadores y críticos de los escritores murcianos que estamos viviendo la primera mitad del siglo XXI.
   Mi labor como co-director de la revista literaria El coloquio de los perros, entre otras muchas, es olfatear bien en el panorama para publicar nuevos valores y autores emergentes. Esto es una de las cosas que más estimulan a un revistero. Pero hay otras que no son tan fáciles de oler. Me centraré en el caso de Diego, que no es habitual. Diego nunca ha dejado de escribir, pero tiene una cosa que no tienen todos los escritores, y menos aún los poetas —porque Diego es poeta, que no se nos olvide—: el ansia de figurar, las ganas de mostrarse imprescindibles para la “salvación cultural de la humanidad”.
   Dicho esto, me ha encantado Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino, cómo adecua sus influencias como lector perspicaz a su particular uso de la ficción, cómo estudia o vive la presencia de lo masculino y lo femenino, su universo emocional, físico y psicológico.
   En una entrevista que hicimos al pintor Antonio López en El coloquio de los perros —revista con la que colabora Sánchez Aguilar desde prácticamente sus inicios— él hablaba de su manera de observar todo lo que sucedía a su alrededor en el metro que le llevaba desde su casa del centro al estudio en el norte de Madrid. Cito:

   —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Qué hacía en el metro?
  —ANTONIO LÓPEZ: Me gusta estudiar a la gente. Ir en el metro lo encuentro fascinante. La oportunidad de tener tan cerca una persona y poderle observar los pelos de las orejas es algo fantástico. Lucien Freud podría haber pintado en el metro. Allí ves las figuras como las muestra él, con esa cercanía. Ves cosas muy íntimas de gente desconocida, ahí, delante de tus ojos. A veces ves cosas antipáticas, gente que te desagrada mucho, pero no importa, porque es el mundo, es la vida, y lo ves con una gran proximidad.






   A mí esta escritura me sugiere un hiperrealismo de la escuela madrileña llevado al relato. No es un realismo fotográfico. En España estamos muy acostumbrados a él. Saturados, añadiría yo. Hay algo más, algo que lo distancia de ese realismo simplicísimo. Es Antonio López cribado por el apellido del pintor nieto del psiquiatra austríaco.
   Atendemos primeramente al título juguetón. Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino escritas… ¡por un hombre! ¡Qué osadía! ¿Suena descarado, suena a fantasmón que se cree el Rocco Sifredi o el Nacho Vidal de la prosa erótica? Si llegas virgen a este autor, no tienes referentes o no has desarrollado el doble sentido común, estás perdido interpretando así el título, que, por otro lado, es un acierto a la hora de llamar la atención.
   Humor, se llama humor, sarcasmo, ironía, más aún atendiendo a la portada diseñada por el ilustrador Sergio Urán. Diego utiliza ese humor opaco, mixto, agridulce, tan necesario, tan saludable y esencial.
   Cuando nos adentramos en su lectura —¡tranquilidad, no adelantaré nada!— encontramos siete relatos que son como siete grandes países deformes, extraños, maravillosos, de un continente occidental, con unos protagonistas comunes, aunque no homogéneos: el individuo —hombre o mujer— en su soledad y en la sociedad. Diego nos mete dentro de la cabeza de los protagonistas todo el rato, pero lo hace con la técnica del extrañamiento analítico, por eso emplea constantemente las categorías, un tono paródico de sociólogo profesional con notas a pie de página, para que quede claro que somos los mirones de los mirones, porque los protagonistas (y nosotros, todos), si algo somos, más que ejecutores, es MIRONES. Mirones de la realidad analógica y virtual. Y el mirón, por naturaleza, está cargado de soledad. Y la masturbación está cargada de soledad. Y vivimos en una sociedad activamente solitaria, de gente insatisfecha, que podría, al menos, disfrutar la felicidad de sus iguales cercanos, pero el caos sentimental le impide gozar de este último recurso. Somos gente ordenadamente alienada.
   Si atendemos a su osamenta y musculatura, estos relatos no cumplen las normas previsibles de taller con inicio y final que nos atropelle y nos deje boquiabiertos. No va por ahí la cosa. Diego es un narrador épico, progresivo, pero, ojo, una épica antiheroica, de clase media más o menos acomodada, pero sobre todo tirando a clase media ilustrada. Ese campo es muy rico para desgranar a su antojo nuestros hábitos, manías, neuras, obsesiones, retratadas en el acto sexual, real o imaginario, íntimo o interactivo, con desconocidos o en pareja. En una misma cama —o frente al ordenador, depende de lo que se vaya a hacer—, se acuestan seis amantes, no dos: los padres de ella, los padres de él y los dos amantes propiamente dichos. No me lo he inventado yo; es una idea del cineasta favorito de los psiquiatras: Woody Allen.
   No sé vosotros, pero uno está bastante harto ya de tanto relato predecible, de tanta intriga pseudo-histórica, de tanta intención best-sellerista. Así que agradezco la resistencia, la apuesta por una escritura de trinchera.
   Los relatos de Diego nos revuelven, nos descolocan, nos hacen asentir muchas veces, otras nos hacen pensar: “vaya un colgado, a mí esto no me pasaría”. Y, muy importante, también nos ponen cachondos, porque hay alegría de vivir, hay sexo duro, enculamientos, cunnilingus, bukakes, misionero, interracial, grang bang, mulatos cubanos, ardientes milfs, coños rasurados, erecciones infinitas, posturas de todas las formas y colores. En definitiva, hay literatura.