sábado, 18 de junio de 2016

LEÍDO: "El libro de los indolentes" de Javier Sánchez Menéndez

   Veo ante todo un profundo aislamiento en El libro de los indolentes. Su protagonista vive aislado incluso cuando viaja o cuando recibe visitas, aislado entre ángeles o muertos, de origen humano o animal. En una poética constante y lúcida, Javier Sánchez Menéndez justifica, creo, ese aislamiento, repitiendo a veces su exacta realidad: «Por más que lo intente, por más que insista, no puedo querer a nadie que me quiera, yo no me quiero».




   Este paseante nocturno, con Platón como autor de cabecera, reparte estopa y ama por igual a los poetas desde el porche de su casa; dialoga con su perro Sultán o con el gorrión Saúl sobre Rilke o Joyce; piensa en María Zambrano, Hölderlin o Plutarco mientras persigue los claroscuros del faro de Camarinal; lanza su sombrero al césped y provoca al lector: «El número 88 es la armonía»; recorre el huerto dándole vueltas a los pensamientos de Parménides y a las imágenes de Novalis, antes de entrar de nuevo a casa y volver a la esencia burlesca y kamikaze del dormitorio: «Tomo el espejo e intento reflejarme. No aparece nada. Vuelvo a hacerlo por oposición y no hay actividad en los sentidos. Es la raza mortal que muestra su ridículo».
   Todo este armamento de verdad se dispara tras montañas de cigarrillos que sirven de trinchera filosófica: «Fumo para temer al equilibrio de la mediocridad».
   No le llega a los hombros al Libro del desasosiego, pero esta especie de Pessoa gaditano, con su testimonio de indolentes, podría llegarle incluso a los muslos al lisboeta, y eso tiene un mérito que ya quisieran muchos escépticos armónicos para sí.

martes, 14 de junio de 2016

LEÍDO: "Yo quiero bailar" de Alberto Acerete

   Páginas de experiencia política, familiar, social y sentimental. Se palpa una continua tirantez entre el amor y el capitalismo; el individuo contra la comunidad —voluntaria o involuntariamente opresora—; entre el disimulo y la rotunda realidad; la educación religiosa y la sexual; la carne y el espíritu, ambos doloridos.




   Un libro extraño, de entrada confusa y salida radiante. De las tres partes en las que se divide, la correspondencia titulada La cría a mano del vencejo común me parece magnífica. Y dan muchas ganas de volver a casarse.
   Sigamos bailando.

domingo, 12 de junio de 2016

LEÍDO: "Hormigas en el aire" de Elena Barrio

   Buenos intentos, mucha energía, quizá demasiada prisa en el acabado. Creo que no se defiende mal en en el plano del desamor y en el plano erótico. Copio un poema:





CONTORSIONES NOCTURNAS

Entre mis muslos
hay una bailarina
que te llama y
se toca en recuerdo
de lo que fuimos.

Contorsiona la pierna
la desea tras el cuello,
el aroma se dispara,
como las flores al amanecer,
llega a tus pupilas ardientes.

Contorsiona la mente
mi mente mis recuerdos
salados por un momento
me agrietan los labios
reclaman que tu saliva vuelva.

Entre mis muslos
hay una mujer sola
que no te conoce bien
pero te desea eternamente
bailando con los dedos.

viernes, 10 de junio de 2016

LEÍDO: "37'6" de Tulia Guisado

   Drama en verso. Un tratado sobre el dolor con el gotero casi sin quitar aún. Fiebre. Trauma. Copio un poema:




INFIERNO

Los hombres buenos dilucidan,
elucubran, toman decisiones.
Me abren las vías en la muñeca,
en la yugular, las arterias, la boca,
la vagina, la nariz, la uretra.
Me abren las piernas,
me abren los brazos,
me abren el pecho,
me abren los ojos,
el cuello, la tráquea,
los pulmones,
la piel.


Y no me matan. 

LEÍDO: "Poemas escogidos" de A. R. Ammons

   Pedazo de libro, pedazo de traducción —excelente trabajo de David Cruz y Mario Jurado— y un estudio introductorio que se agradece por la escasez de información que hay sobre A. R. Ammons en España. Una verdadera lástima que la editorial cordobesa Plurabelle desapareciera.
   Poesía de granja, arenales y bosques, poesía de orden salvaje, científica, biológica, clarividente, de observación caleidoscópica, de ambición orgánica, fundamental.





GRAVELLY RUN

No sé, de alguna manera parece suficiente
pararse a ver y oír los ires y venires que ocurran,
entregando mi ser a la victoria
       de las piedras y los árboles,
de ondulados lagos de arena, agrupaciones de pinos
enanos en forma de cuarto creciente:

porque no se trata de conocer el ser
como conocerlo como lo conocen
       la galaxia y la piña del cedro,
como si su nacimiento no hubiese sucedido
y la muerte no pudiese terminarlo.

el agua lenta del pantano llega
a Gravelly Run meciendo la cabellera
       de algas sujetas
a las piedras y estrechándose se abalanza
entre los pilares del puente de la autopista:

allí en los bosques el acebo crece en las orillas
y las agrupaciones góticas de las agujas
       de los cedros podrían proporcionar
verde religión en los huesos del invierno:

así que miro y reflexiono, pero la cárcel
de cristal del aire sella cada cosa en su entidad:

de nada sirve aquí filosofar:
        no veo
ningún dios en el acebo, ni oigo canción alguna
entre las hierbas rotas por la nieve: Hegel no es el amarillo
invernal de los pinos: la luz del sol no sabe
nada de árboles: mi ser derrotado entre
        formas inhóspitas: forastero,
recoge tu fardo, ponte en camino.        

jueves, 9 de junio de 2016

LEÍDO: "Familias de cereal" de Tomás Sánchez Bellocchio

   El realismo rioplatense no es un realismo cualquiera. De hecho, la literatura rioplatense no es una literatura cualquiera. Es más, creo que Argentina, contando sus generaciones vivas y la totalidad de los géneros y subgéneros, es hoy el país más rico literariamente de todos los países donde se escribe en español, superando, quizás, a Méjico. ¿Serán conscientes los lectores argentinos de esta creencia mía?




   En el debut de Bellocchio las narraciones son gravitatorias, con atmósferas y climas insólitos, mentes bipolares, personajes apáticos o violentos, conviviendo en una soledad y una tristeza aéreas.
   Hay cuentos notables como ‘Cuatro lunas’, ‘Interrupción del servicio’ o ‘Animales del imperio’. Tengo claro que mis relatos favoritos de Familias de cereal son tres: el primero, que da título al libro, el conmovedor ‘Disco rígido’ —alguna lágrima cayó en la página 65— y el último, ‘La nube y las muertas’, que me parece magistral.
   Bienvenido al parnaso argentino, Bellocchio.
   Estaremos atentos.

miércoles, 8 de junio de 2016

LEÍDO: "La edad media" de Leonardo Cano

   Tres historias trabadas en un juego de personalidades —principalmente las de Fauró, Julia, El hijodelRana y Moya— que deambulan por la vida desde sus años escolares y universitarios hasta llegar a un mundo brutal de adultos y caretas en el que tendrán que espabilar en el amor, en el trabajo, en todo. Se titula así, en minúscula, porque no va de señores feudales ni de princesas que suspiran en palacio. Va de jóvenes furiosos de ayer convertidos en hombres y mujeres decadentes de hoy, subidones y bajones morales entre negocios, promesas, sexo, exámenes, drogas, oficina y rocanrol.




   Hay relatos generacionales que complacen sólo a los lectores que pertenecen a la generación retratada. No es el caso de La edad media. Esta novela, sirviéndose de un modelo generacional concreto —el amplio número de nostálgicos de la EGB hallará un extraño placer en las descripciones y peripecias de pasillos, baños y recreos—, trasciende la barrera del “encantado de conocerse” y tira más hacia el retrato ultrarrealista e hiperbólico. En muchas reseñas se citan las referencias de Carver, Bukowski, del Vargas Llosa de La ciudad y los perros, de Houellebecq, de Bret Easton Ellis… Se lo compro. Generación X, un bombón de hiel, la glucosa de la violencia. Cano apuesta, ya no por la fusión estilística entre fondo y forma, sino por este concepto: la narración como narrador. Juega con las elipsis de manera magistral, sobre todo en los diálogos de chat entre Julia y Fauró. Hay que meter el silencio en medio del ruido argumental. Para saber contar hay que saber cuándo y dónde callar. Está escrita con una precisión que no es habitual para un novelista debutante. Cabe preguntarse: ¿es Leonardo Cano un novelista “tardío”? Ya sabemos que ser escritor tiene el prestigio al revés que el de modelos y deportistas. Un narrador de treinta y muchos años puede ser, si me apuras, una joven promesa. Lo lógico sería que la primera novela de un autor hiciese aguas por varios lados. Sin embargo, su mecanismo narrativo y la chispa adecuada para activarlo han sido muy bien engrasados, con paciencia oriental y cientifismo occidental.
   Leonardo es así: un humanista que ha coqueteado con la Ingeniería, y demuestra, a quien lea La edad media, que con esta novela ha llegado al mapa literario patrio para quedarse con una obra musculosa, que provoca el aplauso al término de muchos fragmentos, que parece esculpida en un taller de platería dinámica.

martes, 7 de junio de 2016

LEÍDO: "Un día negro en una casa de mentira" de Elena Medel

   Repasando la trayectoria de Elena Medel, me han venido muchos recuerdos como lector fiel y atento de su obra.
   Devoré el descaro —cuántas veces se ha emulado— de Mi primer bikini porque una amiga me enseñó el poema ‘Ragazza’ y me dijo: «Esta chica aún va al instituto». La escuché con auténtico entusiasmo presentando en una biblioteca pública de Almería su Vacaciones, publicado por los legendarios Ana Santos y Pedro Miguel, los editores más sui géneris de Andalucía en esos años. En su puesta en escena, era muy divertido verla pidiendo un novio entre el público asistente. Precisamente a Ana “Gaviera” está dedicado Un día negro en una casa de mentira.




   Leí después Tara y me encantaba ver cómo jugaba con las adivinanzas literarias, poder ser cómplice secreto en algunas de ellas, por ejemplo esa de «Angélica respetada por las aguas», en homenaje a la pieza más celebrada del entrañable dramaturgo Alejandro Casona, La dama del alba, a la que yo dediqué mi tesis de licenciatura. Los guiños culturales de su estética pop seguían siendo frecuentes y naturales.
   En 2014 llegó Chatterton. Me pareció un paso importante verla crecer respirando de otra forma sin perder ese aire de asombro y extrañeza europea y americana marca de la casa. Percibo Chatterton como un título que abre etapa y propone retos a la misma Elena. Copiaré uno de los poemas que adelantan ese futuro cercano.
   Otra cosa. Por fin, en esta edición se puede disfrutar de rarezas como Un soplo en el corazón —homenaje en verso breve a los donostiarras Family que nunca logré conseguir—, el inédito La caída del Imperio Romano —pequeño cuaderno de reflexiones literarias—, poemas dispersos y nueve poemas que componen Isola delle Femine inspirados en la artista Mariana Ferratto —nueve bombones—.
   Hay decenas de polémicas que siempre rodean a Elena. Imagino que tiene que estar un poco hasta el moño de que se le cuestione hasta la marca del café que toma.
   Me gustan sus libros y su personalidad. Creo que, quizás sin pretenderlo, abrió caminos en la poesía española a principios del siglo XXI y que estéticamente hay una generación entera de poetas jóvenes que le debe bastante. Aquí hablo sólo de literatura, que es lo que nos importa a la mayoría, supongo. Al debate puerco y circense me da mucha pereza entrar.
   Me parece una poeta con un estilazo emocional que late en ella desde los quince años hasta ahora. Punto.


TEMPLO DE LA TRANSFORMACIÓN DE LA SABIDURÍA

El amor que conozco se parece a este templo. Apenas destaca
su exterior, y el interior se cubre con tejas de esmalte negro
de la dinastía Ming. La guía —un volumen antiguo, en el que no figuran
horarios de visita a monumentos ante los que retratarse,
finge la sonrisa, finge que te lo estás pasando bien— advierte
que su nombre popular es Templo Negro, más exacto,
sin poesía.

Conozco el amor igual que conozco este edificio
al que los turistas se acercan después de visitar otros
de mayor importancia. La guía —un volumen antiguo,
en el que no figuran los nombres
de los hombres que nunca lo hacen, finge la sonrisa, finge
que te lo estás pasando bien— advierte
que su nombre popular es Templo Negro, más exacto,
sin poesía.

LEÍDO: "Escritores y editoriales, modo de empleo" de José Miguel Desuárez

   Me despierta curiosidad que el director de una editorial pequeña, llana y marginal como la sevillana Hipálage publicara un libro regalando abiertamente su experiencia al frente de la misma. No conozco casi nada de su catálogo, pero sé que en Hipálage se editó un poemario que tengo entre mis caprichos recurrentes desde hace cuatro años: Tu suerte está en Ispahán de Natalia Carbajosa.




   José Miguel Desuárez divide este ensayo ─estas memorias o este manual de instrucciones─ según esté hablando como editor o como autor. Me interesan especialmente sus observaciones como editor. Copio una de ellas:

   Las editoriales grandes disparan con ametralladora, y es lógico que acierten, ya que abren un abanico muy grande de posibilidades, al malgastar tantas balas al mismo tiempo. Los editores pequeños son francotiradores: tienen pocas balas, muy escogidas, y han de cuidar bien en qué momento disparan, porque lo perderían todo tras varios fracasos seguidos.


   La aventura de la editorial Hipálage finalizó en 2013.

sábado, 4 de junio de 2016

LEÍDO: "Quién lo diría" de Eloy Sánchez Rosillo

   Eloy sigue celebrando la eternidad de lo mínimo y me parece extraordinario que no se canse de hacerlo, abandonada ya la “insalubre” elegía. Hay lectores —sobre todo admiradores de su obra— que no consideran Quién lo diría su mejor libro y que incluso el título no es acertado, que es demasiado coloquial o vulgar para una obra del clásico murciano. Estoy parcialmente de acuerdo. La otra parte de mí, la que está en desacuerdo, piensa que no hace falta estar superándose forzosamente en cada publicación cuando se ha alcanzado cierto nivel de maestría. Basta con seguir manteniendo la altura del vuelo con la pericia de un monje chán.
   Por mí, que siga cantando así, que sigamos encontrándonos poemas como éste y otros en sucesivas entregas hasta el final de su carrera. De todas maneras, los que hayan acabado de leer Quién lo diría tendrán la certeza de que ese concepto, “final”, no existe para Rosillo, no aparece en su diccionario del tiempo.





SIEMPRE POR VEZ PRIMERA

Al terminar la clase se acercó una muchacha
a preguntarme algo. No sé qué.
Me sonrío segura del poder que concitan
su juventud, su gracia, su belleza.
Y unos rizos oscuros del pelo le cayeron
sobre los ojos negros. Le brillaba un piercing
en los labios y llevaba un tatuaje
—unas letras en chino— entre el cuello y el hombro.
No sé lo que me dijo ni sé lo que le dije,
pero hubo, sin embargo, entendimiento.
Fue ayer y antes de ayer y hace mil años:
tanto fulgor de pronto, siempre por vez primera.
Luego hizo con la mano un gesto así, de adiós,
y siguió caminando por la vida.

jueves, 2 de junio de 2016

LEÍDO: "Haciendo planes" de Karmelo C. Iribarren

   Veo en este libro mucho aprendizaje del abandono y, por otro lado, una cantidad de poemas amorosos mayor de lo habitual en un libro de Karmelo. También más humor. En cualquier caso, hay algo que no ha variado en su última entrega: la perfecta intuición, la inteligencia del látigo, su capacidad infatigable de alimentar, su grandeza como poeta.




ESA OTRA GUERRA

La mujer a la que amo
está lejos y está sola,

y aunque tiene
víveres de sobra,
                           temo
que no pueda resistir.