sábado, 4 de junio de 2016

LEÍDO: "Quién lo diría" de Eloy Sánchez Rosillo

   Eloy sigue celebrando la eternidad de lo mínimo y me parece extraordinario que no se canse de hacerlo, abandonada ya la “insalubre” elegía. Hay lectores —sobre todo admiradores de su obra— que no consideran Quién lo diría su mejor libro y que incluso el título no es acertado, que es demasiado coloquial o vulgar para una obra del clásico murciano. Estoy parcialmente de acuerdo. La otra parte de mí, la que está en desacuerdo, piensa que no hace falta estar superándose forzosamente en cada publicación cuando se ha alcanzado cierto nivel de maestría. Basta con seguir manteniendo la altura del vuelo con la pericia de un monje chán.
   Por mí, que siga cantando así, que sigamos encontrándonos poemas como éste y otros en sucesivas entregas hasta el final de su carrera. De todas maneras, los que hayan acabado de leer Quién lo diría tendrán la certeza de que ese concepto, “final”, no existe para Rosillo, no aparece en su diccionario del tiempo.





SIEMPRE POR VEZ PRIMERA

Al terminar la clase se acercó una muchacha
a preguntarme algo. No sé qué.
Me sonrío segura del poder que concitan
su juventud, su gracia, su belleza.
Y unos rizos oscuros del pelo le cayeron
sobre los ojos negros. Le brillaba un piercing
en los labios y llevaba un tatuaje
—unas letras en chino— entre el cuello y el hombro.
No sé lo que me dijo ni sé lo que le dije,
pero hubo, sin embargo, entendimiento.
Fue ayer y antes de ayer y hace mil años:
tanto fulgor de pronto, siempre por vez primera.
Luego hizo con la mano un gesto así, de adiós,
y siguió caminando por la vida.

4 comentarios:

Diego Reche dijo...

Querido Juan, estoy de acuerdo contigo. En Eloy hay dos etapas, es decir dos libros, el primero es elegíaco y tiene el tono amarillo de la melancolía y de la definición del tiempo, el segundo tiene el blanco de la luz, la intensidad vital que valora el momento. Este segundo es el que sigue escribiendo. Noto además en los poetas consagrados que no tienen una preocupación temática al estructurar el libro y tal vez los que sí la tenemos la echemos en falta.

Juan de Dios García dijo...

Pues entonces coincidimos, Diego.
Ya veo que, aparte del título y de mantener el nivel y no lograr superarlo, puede sacársele algún "defectillo" más a esta última obra del maestro.
Son críticas, como he dicho, hechas con la mayor de las admiraciones.
Sé que tú tienes también mucha estima a la obra de Eloy.

Ángel Paniagua dijo...

No me gusta demasiado esto de escribir reseñas apresuradas al hilo de lo leído, así que no lo hago, pero me encanta que otros las escriban, e intento leerlas en la medida de lo posible. Tampoco es que me entusiasme lo de poner comentarios en las reseñas de quienes (a diferencia de mí, repito) se guardan la pusilanimidad en el bolsillo y lo hacen. Pero en este caso no estoy de acuerdo con tu planteamiento, y vaya usted a saber por qué, he decidido entrar al trapo, quizá precisamente por cierta voluntad de saberme (y decirme) ajeno a ese grupo al que aludes (la alusión me parece demasiado genérica), el de esos "lectores —sobre todo admiradores de su obra— que no consideran Quién lo diría su mejor libro y que incluso el título no es acertado, que es demasiado coloquial o vulgar para una obra del clásico murciano." Tú no sólo dices estar "parcialmente de acuerdo", sino que cifras tu parte de desacuerdo con ellos en que "no hace falta estar superándose forzosamente en cada publicación cuando se ha alcanzado cierto nivel de maestría. Basta con seguir manteniendo la altura del vuelo con la pericia de un monje chán."

Por el contrario, desde que me lo encontré en Murcia en unos grandes almacenes la tarde-noche del 8 de octubre, cuando estaba a punto de salir hacia la Estación de Autobuses (casi sin esperarlo, aunque sabía por amigos de su publicación inminente), no he parado disfrutar con el difícil (y gratísimo) “tour de force” que este nuevo libro es; no he parado de darle vueltas y gozar y asombrarme y volver a gozar y sentirme Eloy, o sentirme más yo mismo, o ambas cosas a un tiempo, no lo sé… Pero sí sé que doce o quince de entre estos casi setenta nuevos poemas, cuentan desde luego entre los mejores que he leído suyos, y que como conjunto el libro entrega (no he leído aún reseña alguna de nadie, aunque supongo que habrán salido varias) un Eloy más auténtico, más prístino si cabe, que el de Oír la luz o incluso el de Sueño del origen, por el que como sabes (independientemente de cualesquiera otras consideraciones) siento un especial afecto.

Sólo eso, no me proponía en modo alguno diseccionarlo ni entrar en disquisiciones sobre si este o aquel poema, sino sólo dejar claro que (pese a mi amistad y cercanía contigo, por un lado; y a mi amistad con Eloy y admiración ya larga por su obra) no me incluyo ni deseo que nadie pueda considerarme implícitamente incluido en ese grupo de admiradores más o menos "defraudados"...

Juan de Dios García dijo...

Pues dicho queda, Ángel. El grupo al que aludo es por varias conversaciones sobre "Quién lo diría" con cinco o seis personas que pensaban así. Todas admiran muchísimo su obra, como yo, como tú, y la seguirán admirando, con toda seguridad. Pensé que si de un número de más o menos quince o veinte personas con las que he hablado del libro cinco tenían esa opinión, podría extrapolarse estadísticamente a más seguidores de la obra de Eloy. Fin.