sábado, 27 de agosto de 2016

LEÍDO: "Estética a golpe de like" de Fernando Castro Flórez

   El título encaja a la perfección con el formato en el que se anuncia, solo que al ser un libro y no el muro de Facebook del autor, en lugar de levantar el dedo índice para darle like al final de cada capítulo, he reaccionado de una forma más corporal: asintiendo varias veces con la cabeza, esbozando una sonrisa de acuerdo intelectual escritor-lector o pronunciando en voz baja para mí mismo “¡claro, este tipo lleva toda la razón!”.




   Fernando Castro Flórez es un analista todo-terreno que te conduce con la velocidad y el zigzagueo del Dragon Khan hacia espacios de una contemporaneidad fresquísima —la exploración del llanto televisivo del youtuber El Rubius ante Risto Mejide no tiene precio— con desvíos locos, canalizaciones libertinas y vericuetos freakies e hipstéricos de lo más llamativos. Cuando menos te lo esperas, pueden aparecer Foucault y Lacan saludando a un teletubbie en un happening, Marina Abramović haciéndose un arriesgado selfie con Baudrillard en el puente de Brooklyn o Chomsky bailando con Bataille el temazo “Escándalo” de Raphael en un McMuseo.
   Termina el viaje y te dices que el ticket que has comprado no era nada caro para las muchas curvas, turbulencias y subidones que te ha ofrecido.
   Más filósofos españoles como éste, por favor.

viernes, 26 de agosto de 2016

LEÍDO: "Por un país desconocido" de Rubén Castillo

   Rubén Castillo es un narrador macizo con una trayectoria de lo más coherente. Hasta donde yo sé, no se le conocía ninguna publicación poética anterior. Según él, tampoco la conoceremos posterior. Le pregunté al mismo Rubén por este cambio de género y me contestó que no tenía ninguna intención de continuar el camino del verso, que Por un país desconocido sería considerada, con el paso del tiempo, una rareza genérica en su recorrido literario.




   De cualquier manera, una gratísima noticia es este “capricho” poético. Eso sí, como no me precio de traidor, debo avisar a lectores incautos que quieran probarlo pensando que van a encontrarse un libro colorido y saltarín: tengan cuidado, se trata de un espejo peligroso, con el vampiro de Cernuda erizándote el alma y empapándola después de un pegamento llamado infinita tristeza. Aquí la cosa va muy en serio. En suelo, paredes y techo de esta casa no hay ni una grieta de júbilo.


24

Nadie puede comprender.
Nadie puede comprendernos.
Nos morimos
con ese dolor.


   El autor comentó en el MUBAM (Museo de Bellas Artes de Murcia), durante la presentación del libro, que hace dos años él había muerto y su gente, incluida la más próxima, no se había enterado, que ese era el origen de la escritura de Por un país desconocido. Y eso es lo que parece: poemas escritos desde la muerte.


23

Ser el hombre más dulce y más atento,
besar a tu esposa con los ojos cerrados,
acariciar el pelo de tus hijos,
sonreír en el trabajo, ser amable
con la cajera del supermercado,
disculpar benevolente las flaquezas
de quienes te circundan, preguntarte
—por la noche—
de dónde has sacado fuerzas para acometer
tanta superchería.

viernes, 19 de agosto de 2016

LEÍDO: “Perder ciudades” de Hilario J. Rodríguez

   Con algún excurso a Irlanda, a Noruega y a la Guerra Civil española —tema que podríamos considerar ya un país—, un adulto, enfermo de mitomanía literaria, decide emprender un viaje acompañado de su descreída y anciana madre por Rusia, con la inevitable plaga de anécdotas tragicómicas que brotan entre las alcobas, las cocinas, los escritorios y las obras de Chéjov, Diego Rivera, Tólstoi, Berdiaev, Kapuściński, Andréi Biely, Lérmontov, Dostoievski, Nabokov, Pushkin... El otro viaje a Gambia y Senegal, aunque se produce en un contexto humano, político y ficticio muy distinto al de tierras eslavas, se narra con el mismo registro. Hilario J. Rodríguez sale más que airoso en el relato de ambas experiencias.




   Me parece un acierto esa línea de libros breves a caballo entre el diario antiheroico, las memorias de viaje y el anecdotario agridulce —por momentos dramático— con la que está levantando el vuelo la editorial Newcastle. Larga vida.

LEÍDO: “Una espina en la carne” de Lola López Mondéjar

   El subtítulo de este libro, “Psicoanálisis y creatividad”, me atrajo, pero lo que me convenció para comprarlo fue que hay un largo capítulo dedicado al estudio psicoanalítico de la narradora brasileña Clarice Lispector y otro de la misma longitud que trata las novelas de la caribeña Jean Rhys —para mí desconocida; ahora deseo leer su Ancho mar de los Sargazos o su autobiografía Una sonrisa, por favor—. Ese fue mi anzuelo. Después, a gastar lápiz desde la primera página, ya que si algo destaca en Una espina en la carne es la capacidad de la autora para convocar citas y ejemplificar con maestría y precisión el desarrollo de sus argumentos.




   Aunque hay ciertas páginas de disertación alambicada, como cuando se le saca jugo a Lacan o a Foucault, ha sido de mucho interés conocer, reforzar y profundizar conceptos como el complejo de Adán de los escritores, el de la madre muerta, el factor Munchausen, la neogénesis, el homo sacer, la función autor, su intimidad, lo traumático en Beckett o Canetti, el abismo donde escarba para sus cuadros el artista Ángel Haro, el exhibicionismo en casos como el de Anaïs Nin o Angélica Liddell, el sufrimiento de Joan Didion, Franca Rame, Balzac o Alice Munro, la identidad en José Donoso o la delgada línea entre la necesidad de la apreciación social y el narcisismo poniendo sobre la mesa las problemáticas de David Foster Wallace y John Kennedy Toole.
   Mi capítulo favorito es el último, titulado “La escritura calva”, el más ficticio y, paradójicamente, el más testimonial, toda una poética sobre el frío ensueño de la desnudez como última vía de la escritura a partir de un diagnóstico de cáncer narrado en tercera persona. Copio un fragmento:

   A medida que se acostumbró a verse así —tan desnuda que no permitió que nadie la viese sin su peluca, como si su cráneo blanco mostrase algo íntimo y secreto que era preciso ocultar—, llegó hasta a encontrarse hermosa. […] Pensó en las monjas y en las mujeres árabes. Pensó en la aversión del primer catolicismo hacia el cabello abundante de las mujeres, identificado como símbolo de exuberancia vital y sexual.
   El cráneo a la intemperie, lejos de mostrar la vulnerabilidad esperada, se le antojaba lleno de fuerza. Concluyó que es a los hombres a quienes no les gustan las mujeres calvas. Quizás no las vean femeninas, quizás su idea de la feminidad se emparenta con lo absolutamente distinto a ellos, y una mujer calva sea una mujer hombruna, con un cráneo tan despojado como el de la mayoría de los varones.
   […]
   El pelo largo se le antojaba un disfraz, una mentira. En realidad, pensó que nadie sabía quién era ella porque nadie la había visto sin pelo. Ésa era la verdad. Así de simple. Su yo más íntimo estaba ahí, bajo la mano que sigue acariciando su cráneo casi desnudo, disfrutando de esa sensación extraña de rozarlo tan cerca de su cerebro. Ella, más que su pelo largo, se dice, es su cerebro, y este se encuentra debajo de su mano, cubierto por ese escaso centímetro y medio de cabello y de huesos. Ahí está su identidad. Pero nadie la conoce.
   […]
   Escribir calva. Escribir desnuda.
   Decir, el mundo está ahí afuera y me es ajeno. Aunque amo.

lunes, 15 de agosto de 2016

LEÍDO: “Desde el mar a la estepa” [Chamán Ediciones]

   Paladear una antología en la que no aparece nadie o casi nadie con el que esté implicado sentimentalmente es bien distinto a hacerlo con una antología en la que he sido seleccionado y en la que hay tantísimos lazos de amistad, complicidad, vivencias y batallas libradas entre aulas, campus, cafeterías, cónclaves o pisos de estudiante. Así me comentó el editor Pedro Gascón que, junto a Ana Toboso, quería concebir este libro: como una antología territorial (provincia de Albacete y región de Murcia) desde la confluencia emocional.
   La puerta de entrada es un prólogo breve de Dionisia García. La maestra no se anda con rodeos: Albacete, Murcia y Cartagena son sus tres pequeñas “patrias”. Era la escritora más adecuada para anunciar el primer paso editorial de Chamán y la que mejor conoce el recorrido inspirador que cruza la llanura albaceteña hasta el puerto cartagenero.




   Es fácil perderse en el anonimato de lo global, por eso creo que este fruto, si viene de una familia con nombres, apellidos y sobre todo títulos, hay que citarlos, aunque sólo me ciña a la familia en su concepto nuclear, sin incluir primos o sobrinos que la engrandecen y mejoran. Las principales agitadoras fueron y son, obviamente, las revistas. No hay ni un solo autor de esta antología que no haya colaborado en alguna de ellas directa o indirectamente. Dentro de este sureste y desde él se han fraguado fanzines y revistas literarias como Thader, Barcarola, El coloquio de los perros, Amalgama, La galera, Hache, Carpe diem, La casa subterránea, Isla desnuda y La galla ciencia, aplaudidas desde el Aula de Poesía de la UMU —coordinada por Isabelle García Molina— y desde el Festival Fractal de Albacete, entre otras plataformas con más o menos repercusión y longevidad: programas de radio, editoriales, encuentros institucionales o espontáneos, asociaciones... Por cierto, Fractal acaba de morir hace unos días, pero no pensamos soltar ni una lágrima, no le daremos ese gusto al poder anti-cultural. Seguiremos organizándonos de una manera u otra. Sabemos que hay una máquina en la poesía que ni el más sanguinario de los tiranos podría parar.
   Nada más abrir Desde el mar a la estepa, la vanidad me hizo buscar las páginas donde aparezco. «Qué absurdo», pensé, «si ya conoces de memoria lo que va a salir de ti». Sentí, no obstante, ese orgullo silencioso de leer un poema propio que anunciaba una elección ética que, por ahora, no ha mermado. Ese texto se titula, precisamente, ‘La literatura’:


LA LITERATURA

Somos las flores en la papelera. Somos el futuro. Tu futuro.

Sex Pistols

Primero fueron esos profesores
tomando por testigo a Juan Ramón.
Nos dijeron: «La rosa
no puede vivir en ningún papel».
Luego apareció el crítico, ordenando:
«¡Analizad la rosa!».
Por último, llegó Malcolm McLaren
y gritó a sus soldados:
«¡Arranquemos las rosas!
¡Matad al jardinero!»
Lo dejaron claro y me fui con ellos.


   Tras leer el libro entero, emito algún quejido y lamento alguna ausencia. Lógico. No existe antología que no la tenga. Me quedo con el reencuentro con algunos poemazos de viejos amigos y la revelación de otros que desconocía, sobre todo por la parte esteparia, que es la que menos he tratado.
   Me encantaría hacerlo, pero no procede poner ejemplos de algunas filigranas rescatadas o descubiertas. Quien esté interesado, que compre y lea. Alimento espiritual de este tipo cuesta muy pocos euros, aunque nos quieran convencer de lo contrario.

viernes, 5 de agosto de 2016

LEÍDO: “Correr” de Jean Echenoz

   La primera persona que me habló de Jean Echenoz fue mi amigo Alfonso García-Villalba, en 2004. Me recomendó especialmente Me voy. En esos tiempos andaba yo revisando en la cabeza a Rilke, a Ajmátova y a Gide, de modo que la apunté en la carpeta de “recomendaciones enérgicas de amigos con criterio”. Sin embargo, han pasado doce años de aquella conversación en el puerto de Cartagena y ahí tengo el título, todavía pendiente, con sus páginas vírgenes a mis ojos. Correr, publicada en España en 2010, cayó en mis manos de casualidad ayer, es lo primero que he leído de Echenoz y no tengo ni idea del nivel de su anterior obra, si con Correr bajó el listón, si se repitió, si depuró su estilo o si se arriesgó hacia otra estética narrativa. Debo reconocer que esa libertad de lo fortuito, precisamente, es la que más me satisface cuando me apunto a una tómbola lectora.




   Correr me ha dado unas horas agradables, como espero de una novela escogida especialmente para terraza, playa o sofá veraniego. Echenoz experimenta escribiendo la biografía del atleta checo Emil Zátopek a modo de guión de documental de tres cuartos de hora en Canal Historia.
   He acertado en la elección, ya que Echenoz narra, no reflexiona. Eso lo deja para que cuando levantes la vista del libro se te quede el regusto ligero, irónico y amargo de “vaya tela con los nazis en Praga, vaya tela con el dominio soviético, vaya tela con el poder y el terror, y vaya tela con los héroes humillados como Zátopek”.
   Pocos corrían de forma tan rara como este hombre-locomotora. No sé si muchos podrían escribir una novela sobre Zátopek emulando una carrera suya.
   Probablemente Correr no sea la mejor obra de Echenoz, pero, qué leches, tampoco el Rubber Soul es el mejor disco de The Beatles. Me explico, ¿no?

jueves, 4 de agosto de 2016

LEÍDO: “Las hojas enfermas” de Ramón Crespo

   De Ramón Crespo lo he leído todo excepto el poemario anterior a éste, Días de perro, que ganó el premio Vicente Núñez. Las hojas enfermas también viene con una medalla de considerable grosor: el generoso premio Kutxa Ciudad de Irún.




   Compruebo en seguida que Crespo, educado territorialmente entre los paisajes y las culturas gallega, catalana y andaluza, mantiene una coherencia estética con la naturaleza, tan presente en su palabra. Pero lo vegetal tiene querencia por lo caduco y la naturaleza no es sin la mirada humana. Y ahí empieza el problema: lo humano implica ya una cantidad tan alta de excremento moral en forma de mentira, injusticia y enfrentamiento que el poeta no puede escalar esa asquerosa montaña. ¿Qué debe hacer, entonces?, ¿huir?, ¿resignarse?, ¿bajar la cabeza?, ¿refugiarse en un dorado conformismo artístico?
   La respuesta, creo, es que no hay respuesta. Debemos escribir para atrapar, sarcásticamente, esa certidumbre del caos entre lo escrito.
   Ya en el primer poema aparecen unos pájaros, la lluvia, el aire y unas hojas, solo que están muertas. Y hay un cuerpo, unos ojos, un crimen y un amor. Las hojas enfermas no es un canto alegre, pero tampoco es un camino único hacia el abismo de la depresión. Es, más bien, un canto dolorido, a modo de aviso. En esa manifestación, que alerta de nuestro avanzado estado agónico, hay versos en pie con pancartas que exhiben significados únicos, tan explosivos como cuando se concibieron: amor, bondad, justicia, orden, calma, luz.
   El banquete del tiempo no va tener fin, así que habrá que caminar hacia esa gracia espiritual primitiva para que la sociedad pueda seguir siendo manjar abundante y nuestra energía pueda ser del más bajo consumo posible.
   Un giro individual y colectivo costosísimo, casi improbable. De ahí que Ramón Crespo escriba poemas como éste:


AL CABO

Haber comprendido algo, ni siquiera lo más importante:
la visita del sueño y su caricia, y el daño que nos deja.
El centro reúne lo concreto y lo disperso.
La amistad como un frágil pilar que soporta el vaivén de los días
y se hace necesaria,
como la nieve que va manoseando el mundo,
y esas hojas que se levantan, en torno a un fuego
que crece y las devora.

Y miras el canal construido con materiales duraderos,
hierro y arena, y la destreza del hombre para encerrar sus aguas.
Y no sabes qué otra fuerza puede compararse
a esta fuerza que quiere calmar el viento,
las sombras que se levantan, a cada paso,
y ciegan el camino.

Nada iguala a la bondad, ni siquiera el sacrificio
que busca siempre una prueba.

La inteligencia, dices. Qué pobre a su lado.

miércoles, 3 de agosto de 2016

LEÍDO: “Box 8” de Marisol Sánchez Gómez

   Es arriesgado que alguien —en este caso, una traductora y estudiosa humanística— traslade al formato papel los contenidos que publica periódicamente en una bitácora virtual. Hay textos que se adecuan a la velocidad de internet y, sin embargo, su potencia se reduce a mínimos cuando quiere evolucionar hacia la provechosa lentitud del libro. El caso de Box 8 es lo contrario. La actualidad informativa, de la que nacen bastantes páginas, se universaliza y se atemporaliza gracias al estudio sutil y guerrero de la autora, que no se corta ni un pelo en exponer conclusiones categóricas sobre temas en los que a veces no queremos adentrarnos demasiado, ya sea por prudencia, por desconocimiento o por creer que hay laberintos infinitos cuyo cristal es más duro que el diamante. Véase el maltrato emocional, el empoderamiento del cuerpo de la mujer, la depresión y el suicidio, Palestina, la educación pública, el psicoanálisis aplicado a la histeria masculina, el narcisismo, Ciudad Juárez, lesbofobia… Un bazar temático completo y jugoso. Eso sí, poco o nada dispuesto al regateo.





   Hay osadía, claro. Para que la inteligencia crezca con frescura, tiene que ser regada con osadía. Box 8 es un libro, ante todo, vivificante. Casi el 100% de ese ánimo de vivir, de ese enriquecimiento, lo da el despliegue de lecturas que nos revela. Entre muchas otras, destaco sus selecciones literarias de las estadounidenses Judy Grahn, Sharon Olds, las británicas Sarah Kane, Denise Levertov y la canadiense Evelyn Lau. Pero hay una escritora que deslumbra a Marisol Sánchez Gómez por encima de cualquiera, a la que dedica el mayor número de entradas y citas: la intelectual y activista lesbiana Adrienne Rich. Eso es lo que más he disfrutado de Box 8: las reflexiones sobre la genitalidad en el lenguaje, la crítica al sistema sanitario en ginecología y obstetricia, el cuerpo como base natural de nuestra inteligencia, los orígenes y la construcción de la identidad, el rechazo lesbiano a la heteronormatividad obligatoria o, por ejemplo, la responsabilidad personal, como en este poema que copio:


PARA EL EXPEDIENTE

Las nubes y las estrellas no libraron esta guerra
los arroyos no informaron a nadie
si las montañas arrojaron piedras de fuego al río
fue sin tomar partido
la gota de agua que se balanceaba levemente bajo la hoja
no tenía opinión política
y si aquí o allí una casa
se inundó de aguas residuales
o envenenó a los que allí vivían
con lentas humaredas, durante años
las casas no estuvieron en guerra
ni los edificios tapiados
quisieron negar cobijo
a las ancianas sin techo o a los niños vagabundos
no siguieron la política de hacerlos errar
o morir, no, las ciudades no fueron el problema
los puentes no eran partidistas
las autopistas ardieron, pero no con odio
Incluso los kilómetros de alambrada
tendida que oprimía los barracones temporales
diseñados para mantener a los indeseables
a distancia segura, fuera de la vista
incluso los tablones que tuvieron que absorber
año tras año, tantos sonidos humanos
tanta profundidad de vómito, lágrimas
sangre que calaba lentamente
no se ofrecieron a esto
Los árboles no se prestaron a que los cortaran en tablones
ni las espinas a desgarrar carne
Mira a tu alrededor
y pregunta de quién es la firma
impresa en las órdenes, trazada
en la esquina de los planos de construcción
Pregunta dónde estaban los analfabetos, las mujeres
barrigonas, los borrachos y los locos,
aquellos a los que temes más que a nada: pregunta dónde estabas tú.


Traducción: Marisol Sánchez Gómez