sábado, 30 de diciembre de 2017

LEÍDO: “Mamá, quiero ser feminista” de Carmen G. de la Cueva

   Este libro es fresco, apetecible, alegre en su título y diseño, así como neo-yeyé. Sobresalientes las ilustraciones de Malota.
   Y, tras leerlo, compruebo que es de buena digestión, de ligereza sustanciosa. La ligereza la pone la autora, porque narra de forma muy fluida sus peripecias, sus saltos y traspiés adolescentes y juveniles en relación con el amor, la opresión escolar y popular, el descubrimiento de una gran literatura invisible escrita por mujeres parejo al de la “identidad” femenina y su apología de la desinhibición corporal, el provincianismo internacionalista plagado de anécdotas del mundo viajero universitario y laboral, etc.




   La sustancia, lógicamente, la pone el feminismo occidental como una de las causas sociales de primera línea —para mí esa, el ecologismo y la homofobia, por ejemplo, son fundamentales en las ocho décadas siguientes de siglo XXI—, en las que faltan muchos logros que mantener, revisar y hacer brotar viviéndonos, naturalizándonos mediante la educación.
   Parece jodida la cosa, ¿verdad? Leamos y reflexionemos sobre el modus vivendi de nuestros abuelos, nuestros padres, el tuyo y el de tus hijos. Por eso me atraen obras como esta.

LEÍDO: Revista “El vuelo del flamenco” Nº1

   Siempre es motivo de alegría el nacimiento de una revista literaria en papel. Esta se publica desde el Centro Cultural de un antiguo barrio de pescadores de mi ciudad, el de Santa Lucía. La imagen de El vuelo del flamenco, según nos cuenta su coordinador principal, Lázaro Díaz Andreu, «es la metáfora de la propia revista, que une voces que alzan el vuelo por primera vez con otras que solemnemente retornan al cielo. Brillantes siempre, como el plumaje blanco, negro y naranja de los flamencos; como las portadas, páginas y letras de la revista».
   De las voces que aparecen en este primer número destacaría la promesa de fuerza de alguna estrofa de Ana Belén Úbeda Bernal, algún verso de Pablo Serrano, la liquidez abstracta de Gala Hernández y este texto en prosa de Francisco Cenamor:




   [yonkis]

   He tenido un sueño. Me sentaba a contemplar el lugar donde viven los negros, con sus lavadoras, sus televisores, su libertad. Soy un orgulloso negro americano con la sangre agujereada. La saliva comenzó a salir de mi boca empapando la ropa nueva recién sacada del contenedor. El edificio empezó a empequeñecerse, ocupé todo el espacio. Al fondo del pasillo pude ver el espejo. Traté de tocarlo. Bubbles, dijo un cuerpo a mi lado, esta mierda es grande. Soy un negro orgulloso, me llamo Martin Luther King y soy un yonki. Ahora el policía es un negro, el camello es un negro, el que hace las tablas de la Ley es un negro, el que mueve las figuras sobre el tablero es un negro. He tenido un sueño.



         Larga vida.

LEÍDO: “Los cinco y yo” de Antonio Orejudo

   No pertenezco a la generación de Orejudo, sino justamente a la posterior. La mía es heredera del programa La bola de cristal, del primer felipismo. Mi infancia estuvo marcada culturalmente por La Movida, aunque no fuera del todo consciente.
   Cuando tenía diez años, en mi grupo de amigos lectores de la biblioteca de un colegio marista, dedicábamos muchos recreos a sacar préstamos de Los tres investigadores de Alfred Hitchcock, editados por la editorial Molino. Nunca olvidaré un título que me atrapó por encima de todos: El misterio de la casa que se encogía. Los Cinco de Enid Blyton, que en el escaparate de la biblioteca estaban al lado de los misterios juveniles hitchcokianos, nos resultaban ajenos y anticuados; sí, tenían adolescentes detectives en las portadas también, pero sus páginas estaban ya amarillas, declarando que habían servido de entretenimiento literario a alumnos de, al menos, una década anterior.




   Por ello, se me han escapado algunos momentos de complicidad cultural que supongo magníficos a lo largo de esta novela, aunque Orejudo haya tenido la suficiente maestría para que, desconociendo las coordenadas de Los Cinco, captemos la esencia del mundo que creó Blyton y nos asombremos de su potencial. Lógicamente, el mérito de esa valoración de Los Cinco es del narrador de Los cinco y yo, quien sabe interpretar las aventuras de Julián, Dick, Ana, Jorgina y Tim con una sugestión y una clarividencia atípicas, soltando puñados de iluminación sobre la inacción política, social y cultural española de su quinta, las caretas ridículas en la ambición de un escritor, y canalizando el grueso de esta ficción autobiográfica con la división de historias ácidas y rocambolescas 100% Orejudo.
   Si tuviera que reducir a una palabra la valía del humor orejudiano en esta novela, sería “autocrítica”. Creo que nadie ha retratado la autocrítica moral de los españoles que calzan cincuenta años con la sutileza con la que lo ha hecho él. Esto que acabo de decir es más un hecho que una opinión.

viernes, 29 de diciembre de 2017

RELEÍDO: "Don Gil de las Calzas Verdes" de Tirso de Molina




   ¿Cuánto aprendería Tirso de las mujeres confesándolas como fraile mercedario para crear el personaje de Doña Juana? Si se consiguen atravesar todas las capas de arcaísmos y disfrutar de las florituras lingüísticas propias de un genio de la comedia del XVII —en esto sí admito que la filología hispánica, por fin, ayuda—, Don Gil es de una habilidad dramática impresionante aún en 2017, una cúspide psicológica, un despliegue de mundos fingidos, esencia barroca, transformismo avant la lettre, nudo maestro, intriga real y de cartón piedra, burlador burlado y viceversa, el disfraz como primera piel. Nada es lo que parece. Como tu vida.

jueves, 28 de diciembre de 2017

La lista de la compra

   Diez recomendaciones publicadas (o reeditadas) durante 2017 para leer en temporada navideña si no te has ido de viaje o si coges gripe, catarro, empacho o no tienes familia o amigos que te distraigan de un día de manta, sofá y libro. Si no cumples ninguno de estos requisitos, ¡ale!, a callejear; a no ser que, como yo, también leas por las aceras, por centros comerciales, parques, descampados, cafeterías, salas de espera de centros médicos u otros lugares supuestamente menos cómodos a la hora de practicar este “deporte”:


   1ª) Ana Blandiana: Octubre, noviembre, diciembre




   2ª) Alejandra Pizarnik: Poesía completa




   3ª) Mercedes Cebrián: Mercado común




   4ª) Esther García Llovet: Cómo dejar de escribir




   5ª) Abril Posas: El triunfo de la memoria




   6ª) María Cegarra: Cristales míos




   7ª) Belén Gopegui: Deseo de ser punk




   8ª) Anna Ajmátova: Réquiem




   9ª) Juan de Dios García: Un fotógrafo ciego





   10ª) Elizabeth Bishop: Poesía completa




   PS. La novena recomendación es porque esta lista se publica un 28 de diciembre, el December Fool’s Day español. También es un homenaje a Ángel Manuel Gómez Espada, que en su muro de Facebook afirmó que nadie tendría valor de colocar su propio libro en la lista de 2017. Va por ti, socio.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LEÍDO: "Hermann y Dorotea" de J. W. Goethe

   Quién pudiera leer el original de este idilio burgués en hexámetros alemanes de imitación homérica. O, mejor, quién pudiera leer su Fausto o su Viaje a Italia [Italienische Reise]. No se puede tener todo, de modo que nos contentamos con la traducción en prosa al castellano, que, por otra parte, prefiero a ciertos retos desastrosos de convertir al verso español ciertos monumentos en su original italiano, francés, inglés, latín o griego antiguo. Ya me ha pasado con la Vita Nuova de Dante o con alguna comedia de Shakespeare.




   Pero a lo que iba es que Goethe, creo, fracasa en esta obra olvidada —¿con justicia?— planteando una “revolución desde el cortijo/chalet” en la que sí triunfa el amor, pero bendecido por un cura, consensuado con los padres y presenciado por el boticario, esa figura tan añeja como rancia de la literatura universal.
   Quizá no se pudiera pedir otra cosa tras la tragedia continua que se vivía en la civilización europea posterior a la Revolución Francesa.
   Quizá la propuesta —aburridísima, confortable— de Goethe a través de estos nueve cantos dedicados a las musas clásicas sea regresar al pastoreo y a la siembra, a la armonía humana y natural.
   Por mi parte, yo en el campo duro tres días. Al cuarto ya estoy del olor a cabra hasta la coronilla. Supongo que eso me convierte en un revolucionario afrancesado...
   Vale, vale. No frivolicemos.
   Lo dicho: no se puede tener todo.
   Y no lo digo yo. Lo dice la vida.



Traducción: Alfredo Gallant

LEÍDO: "Orestes" de Eurípides

   Varios, ligeros y vulgares apuntes tras leer esta tragedia a la que, por las razones que fueren, aún no había metido mano:

   —Vaya dos perlas de hijas le salieron al honrado rey espartano Tíndaro. Y no sólo Clitemnestra y Helena, que también Timandra tenía lo suyo, aunque no tenga vela en este “entierro”.
   —Por sabido no deja de impresionar que Helena siga tan soberbia como bella y que Electra sea una lianta de aúpa.
   —Al principio he de reconocer que me parecía que la amistad de Pílades con Orestes y Electra era básicamente por arrimar la cebolleta a la hermana del protagonista, pero conforme avanza la acción se comprueba su lealtad absoluta, su negra pureza. La lealtad, pues, como posible camino de perdición.




   —Orestes viene de una familia de asesinos. Es desasosegante la sensación de que nunca se romperá esa cadena de maldición.
   —La violencia de Áyax no conoce descanso. Se palpa perfectamente en su intervención en la asamblea de los argivos mientras se decide sobre Orestes. Me parece un personaje más inquietante de lo que parece. Tengo pendiente revisar —no lo hago desde los dieciocho años— la obra que le dedica entera Sófocles.
   —¿Existen dioses más crueles que los griegos? Aquí, concretamente, Apolo coloca el nivel de mala leche muy alto. No me extraña que Orestes le desafíe con la muerte de la hija de Menelao, quien —y en eso estoy de acuerdo con Orestes— solamente es valiente entre asuntos de mujeres. Y ni siquiera con todas.
   —De entre los trágicos, creo que Eurípides es, con diferencia, el que más flow tiene.


Traducción: Nora Andrade

LEÍDO: "Crítica de la razón dialéctica" de Jean-Paul Sartre

   Seguimos celebrando esta febril —en sentido estricto— Navidad con Crítica de la razón dialéctica. Más Sartre, droga dura para un lector frívolo del siglo XXI como el firmante. Aquí rescato algunos párrafos breves que me han interesado de esta prosa sartreana apretadísima en dos volúmenes:




   Pero hay otro existencialismo, que se ha desarrollado al margen del marxismo y no contra él. Así es el nuestro.


[…]


   A partir del día en que la investigación marxista tome la dimensión humana (es decir, el proyecto existencial) como el fundamento del Saber antropológico, el existencialismo no tendrá ya ninguna razón de existir.


[…]


   Si algo como una razón dialéctica existe, se describe y se funda en y por la praxis humana a hombres situados en una cierta sociedad, a un cierto momento de su desarrollo.


[…]


   Nada, en efecto —ni las grandes bestias, ni los microbios—, puede ser más terrible para el hombre que una especie inteligente, carnicera, cruel, que sea capaz de comprender y de desmontar la inteligencia humana y cuyo fin es precisamente la destrucción del hombre. Esta especie es evidentemente la nuestra, tal como lo aprehende todo hombre entre los otros hombres en el medio de la escasez.


[…]


   El Terror es la violencia de la libertad común contra la necesidad en tanto que ésta no existe más que por la alienación de alguna libertad.


[…]


   No existe una praxis ontológicamente común: existen individuos prácticos que construyen su multiplicación como un objeto a partir del cual cada uno cumplirá su tarea en la libre heterogeneidad consentida (y jurada) de la función común.


[…]




   Si se concede a Marx y a Engels la lucha de clases —es decir, la negación de las unas por las otras; en otras palabras, la negación sin más— tienen bastante para comprender la Historia. Pero aún es preciso encontrar la negación en el punto de partida.


[…]


   La enajenación fundamental viene de la relación unívoca de interioridad que une al hombre como organismo práctico con su medio.


[…]



   Desde nuestro punto de vista, la imposibilidad para el proletariado de ejercer una dictadura está formalmente demostrada por la imposibilidad de que el grupo, bajo cualquier forma, se constituya en un hiperorganismo.


Traducción: Manuel Lamana

LEÍDO: "Valdano, sueños de fútbol" de Carmelo Martín

   Como es habitual en las publicaciones para vaciar los bolsillos del lector por su adoración a un ídolo momentáneo, si no nos fijamos demasiado en la letra pequeña, en la portada de Sueños de fútbol parece entenderse que lo ha escrito el mismo Jorge Valdano, pero está realmente firmado por el periodista deportivo de El País Carmelo Martín.
   Letra mediocre y efímera, aunque efectiva en lo que concierne al objetivo industrial que se marcó la editorial El País/Aguilar en 1994: crear altas expectativas para que cada apasionado del jugador y entrenador argentino disfrutara con sus hitos deportivos y sus reflexiones, las cuales son inferiores a las de Calamaro, otro argentino futbolero de práctica física nula, pero con más recursos metafóricos para explicar el balompié con algo de “brillo filosófico”. Puestos a elegir entre la sabiduría del de Santa Fe y el de Buenos Aires, me quedo con Andrés.




   Copio un párrafo del final del capítulo tres:

   Un titular de La Gazzetta dello Sport decía sobre el Milán: «Así se juega en el paraíso». A eso mismo aspira Valdano, sea en el Tenerife o en el Real Madrid. En ningún caso se le podrá imaginar vegetando en clubes con mera vocación terrenal. Ése, opina, es el fútbol que merece ser amado.
   Una vez, un amigo, arrobado por el extraordinario espectáculo que estaban dando el Barcelona y el célebre equipo italiano que inspiró aquel titular periodístico, se puso en pie a mitad del partido, se miró la bragueta y explotó de placer:
   —Este fútbol mancha, hay que verlo con preservativo.


   PS. Ni que decir tiene que mis bolsillos no han sido rascados por la compra de este ejemplar de Sueños de fútbol, que leo con veintitrés años de retraso a causa de una de mis varias enfermedades literarias: sacar libros de la biblioteca pública que, en un momento de la juventud, llamaron mi atención.

LEÍDO/VISTO: "Quiromante" de Antonio Gómez Ribelles

   Deberían hacerse más libros como éste. No es el catálogo de una exposición, tampoco es un libro de poemas donde impere exclusivamente lo verbal. Tampoco es una muestra de poesía visual…  Pero ¿para qué darle tantas vueltas si nos lo define el mismo pintor/escritor en el subtítulo? ¡Es Un libro de imágenes!
   Y, contradiciéndome de nuevo, si no se hacen más libros como Quiromante no pasa nada. Me quedo satisfecho con que exista éste y pueda paladear sus ilustraciones y ver sus poemas:




HAY ALGO extraordinario en él, en un hom-
bre que viste de traje y corbata en la playa y en
el fútbol. Y se sienta rodeado de gente en pie.

Ir al fútbol, usar boina o sombrero,
fumar cigarros,
nunca haber dicho lo que debía,
no haber tocado lo suficiente.

Hay algo ordinario en vestir
traje y corbata.

RELEÍDO: "Don Juan Tenorio" de José Zorrilla

   Es raro el año que no releo este libro y, curiosamente, hace tiempo que mi parte favorita, a nivel puramente estilístico, es cuando Mejía y Tenorio se pavonean con sus listas anuales de tropelías, asesinatos y humillaciones sexuales en la hostería sevillana de Buttarelli.
   Copio el sublime momento, cuando este par de simios se están —como diría un gallito del hip hop— tirando unos beef impresionantes.





   —LUIS: ¡Oh! Y vuestra lista es cabal.
   —JUAN: Desde una princesa real
a la hija de un pescador,
¡oh!, ha recorrido mi amor
toda la escala social.
¿Tenéis algo que tachar?
   —LUIS: Sólo una os falta en justicia.
   —JUAN: ¿Me la podéis señalar?
   —LUIS: Sí, por cierto: una novicia
que esté para profesar.
   —JUAN: ¡Bah! Pues yo os complaceré
doblemente, porque os digo
que a la novicia uniré
la dama de algún amigo
que para casarse esté.
   —LUIS: ¡Pardiez, que sois atrevido!
   —JUAN: Yo os lo apuesto si queréis.
   —LUIS: Digo que acepto el partido.
Para darlo por perdido,
¿queréis veinte días?
   —JUAN: Seis.
   —LUIS: ¡Por Dios, que sois hombre
extraño!
¿cuántos días empleáis
en cada mujer que amáis?
   —JUAN: Partid los días del año
entre las que ahí encontráis.
Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas
y una hora para olvidarlas.
Pero, la verdad a hablaros,
pedir más no se me antoja,
porque, pues vais a casaros,
mañana pienso quitaros
a doña Ana de Pantoja.
   —LUIS: Don Juan, ¿qué es lo que decís?
   —JUAN: Don Luis, lo que oído habéis.
   —LUIS: Ved, don Juan, lo que
emprendéis.
   —JUAN: Lo que he de lograr, don Luis.

LEÍDO: "La aventura de La Mora" de Ginés García Martínez






   Cuando el utilitarismo salvaje ataque de nuevo a los poetas argumentando su ineficacia para el provecho del hombre, me defenderé hablando de este libro que me encontré al pie de un contenedor el otro día. Trata de la aventura que supuso el traslado, a finales de los años 60, de una pesada campana de la catedral de Murcia a Cartagena —un hecho vital para la Historia de la Humanidad, qué duda cabe— y de las dificultades que se encontraron para averiguar qué ponía en la inscripción de dicha campana, llamada “La Mora” precisamente por la rareza de dichas letras latinas y de otras figuras y símbolos erosionados por los siglos. Va acompañado de ilustraciones de la faja superior de la campana, de la inferior, de sus cruces y anagramas centrales y su pentalfa pitagórico, que da pie a rellenar dos páginas más de obviedades sobre la magia y la simbología astrológica en la época de Alfonso X El Sabio. Yeah!
   Al terminar de leerlo, pensaba donarlo a algún depósito de libros usados, pero después he decidido abandonarlo donde lo encontré. Dentro, eh. Y en el contenedor de papel, faltaría más, que uno recicla y tiene su corazoncito ecológico.

martes, 26 de diciembre de 2017

LEÍDO: "Sartre y la razón dialéctica" de Ignacio Sotelo






   La política del partido, la política de la Unión Soviética se apoya en la violencia. Koestler, en su Cero y el infinito, ha revivido los procesos de Moscú. Comunismo significa terror: es el gran argumento de la burguesía. Merleau se revuelve con indignación contra tal sofisma. ¿Es que el comunismo ha inventado la violencia? ¿Es que no existía antes de la Revolución de Octubre? ¿Acaso no hay violencia fuera de los países comunistas? El terror que lleva consigo el comunismo sería muy fácil de condenar desde un mundo de la no-violencia. Un mundo social donde no hubiera violencia no necesitaría de ninguna violencia revolucionaria. Esta, más que justificable, sería impensable. La elección no se plantea entre el terror y el no terror, sino entre dos clases de terror. «No existe más que violencia y la violencia revolucionaria debe preferirse porque tiene un porvenir de humanismo».
   El argumento es válido siempre que se muestre que el comunismo tiene un porvenir humanista, que el terror revolucionario acabará un día con el terror, en vez de convertirse en una nueva forma de terror. […] Si no sucediera así nada tendría sentido. Pero ¿por qué la historia ha de tener sentido? Quizá la vida social no sea más que violencia, todo sistema político se base en la violencia y no haya forma de salir nunca de la violencia.


   [...]


   La afirmación central de la ontología de Sartre es, pues, que el Ser no existe fuera del hombre. Suponer un Ser fuera del hombre en el que se apoyase, es negar al hombre, es justificar la enajenación real, en último término, tomar una postura antihumanista. Esto es lo que reprocha Sartre tanto a Heidegger como al Materialismo: ambos buscan el Ser fuera del hombre. Para Sartre, en cambio, humanismo quiere decir que el fundamento del hombre es el hombre mismo; cualquier otra respuesta es teológica. Identifica así ateísmo y humanismo. Si Dios existe, el hombre no se fundamenta en sí ni es él mismo su futuro. Todo teísmo —buscar el Ser fuera del hombre— es un antihumanismo.

viernes, 22 de diciembre de 2017

RELEÍDO: "Edipo Rey" de Sófocles





   CREONTE.— […] Con el tiempo, podrás conocer que esto es cierto, ya que solo el tiempo muestra al hombre justo, mientras que podrías conocer al perverso en un solo día.

   […]

   TIRESIAS.— […] Y puesto que me has echado en cara que soy ciego, te digo: aunque tú tienes vista, no ves en qué grado de desgracia te encuentras ni dónde habitas ni con quiénes transcurre tu vida.

   […]


   EDIPO.— ¡Ah, ah, desgraciado de mí! ¿A qué tierra seré arrastrado, infeliz? ¿Adónde se me irá volando, en un arrebato, mi voz? ¡Ay, destino! ¿Adónde te has marchado?


Traducción: Carlos Miralles Solá

domingo, 15 de octubre de 2017

LEÍDO: “Dos mil noventa y seis” de Ginés Sánchez

   A la cuarta novela, el autor pega un volantazo narrativo y se aparta de las oscuridades urbanas contemporáneas para abordar un espacio y un tiempo distópico del que es imposible, sobre todo al principio, no acordarse de La carretera de Cormac McCarthy o, entre otras, de la estética Mad Max de George Miller.




   Aquí la forma y el lenguaje reclaman tanto la atención como el agua que buscan desesperadamente los personajes. Ginés Sánchez se esfuerza por conseguir una obra original estilizando los sentimientos, emociones e ideas de hombres y mujeres que reviven, sin saberlo, un futuro primitivo:

   Soy Andera. Cuando nací, así me lo contaron, la tribu entera vino a asomarse a mis ojos. Nunca habían visto unos ojos como los míos. No faltó quien dijera que aquella era una mala señal.
   No faltó quien lo dijera y sin embargo viví.
   ¿No me veis?
   Cada cual tiene su maldición. Yo tuve la mía.
   Pero tened calma. Decidme qué queréis saber.
   ¿Acaso es que queréis saberlo todo?
   No. Eso no es posible.
   ¿Acaso lo sé yo todo?  


         Aplaudo esta actitud y predisposición creativa. Además, despierta la curiosidad de saber qué rumbo estético tomará en su próxima publicación.

LEÍDO: “Amar la herida” de Carmen Juan

   A pesar de los avances legales, la dura historia de señalamiento, rechazo, discriminación y agresión continua a niñas lesbianas en los colegios, ese atropello, esa desgarradura ante el tabú, esa indefensión contra el peso moralista, se puede seguir cantando desde el recuerdo y desde el trauma, creando un testimonio valiente que viaje de la furia a la belleza.




II

Fuimos niñas que no sabían no podían no querían.

Jugábamos a deformarnos.
A ser el bicho. Arrastrábamos
el uniforme por las paredes recién encaladas,
las palmas, las mejillas por las paredes recién
encaladas, como lagartos, para volver a la fila
ropas blancas, manos blancas, caras blancas
para
escucharlas escupir mira, es el bicho, mira.

Las niñas niñas nos miraban de reojo.
Que no te roce, que no te toque.
Que no
te contagie.

LEÍDO: “Interregno” de Enrique Morales

Te revelaré estas criaturas:

Una, que te matará,
Otra, que te hablará
Y la última, que te salvará

   Como ocurre con la Filosofía, entre los poetas hay quienes intentamos crear una manera de mirar el mundo, de recorrerlo, nadarlo, volarlo, y luego hay otros, poquísimos en número si los comparamos con el resto, que proponen un sistema teórico-creativo que le da la vuelta por completo al dibujo de la realidad:

Primera criatura
Insepultos brazos, insepultos cuellos, insepultas manos, insepulta sepultura: dedos, tórax, ojos, pelvis. El reflejo de un cáliz o una copa o un vaso sobre la madera el reflejo. Vengo a decirte, padre, nuestra muerte. Acaricia su matriz nuestro recuerdo en el telar. Reconóceme nicho de mí mismo.




   En Interregno el joven, discreto e inteligentísimo Enrique Morales concibe un sistema antropológico de lírica paralela, demuestra ser de esa tendencia poética extraordinaria y, por inercia, marginal, que tiene entre su primera división histórica al recién fallecido John Ashbery, Valéry, Mallarmé, Ungaretti o, en español, a José Lezama Lima, Pedro Casariego Córdoba, José Miguel Ullán o, por momentos, Alejandra Pizarnik:

Los huesos no hacen Canción.

   Pero no estaría diciendo del todo la verdad si no dijera que lo que más me enorgullece de que Interregno haya ganado el XIII Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande 2017 es que Enrique Morales fue alumno mío en 1º de la ESO, cuando yo impartía clase en el IES Alborán de Almería, allá por 2003. Catorce años después cuento con su admiración y su respeto, y puedo leer versos suyos como éste:

Hay un Dios, por consiguiente, un lugar en la mesa.

sábado, 7 de octubre de 2017

LEÍDO: “El silencio” de Saúl Suane


LA MAREA

Hace tiempo que el agua guarda un profundo silencio.
He visitado la marea en la noche,
y las olas no dijeron nada.
Quizás guardan un terrible secreto,
o tal vez dejé de hacer preguntas.
¿Debo volver mi cuerpo hecho interrogación
hacia el cielo o la tierra,
o debo dejar ir todo cuanto
la marea fue dejando en mi orilla?



domingo, 1 de octubre de 2017

LEÍDO: “La atadura” de Vanessa Duriès

   Si de libros se trata, no creo en manuales para explorar los placeres sexuales del ser humano. Soy más de encontrar riqueza, análisis y conocimiento a través de la ficción y la experimentación literaria. Es la gran ventaja de la creación, donde el lector interactúa con el autor, en comparación con la erudición, donde no existe un camino de ida y vuelta en el juego de comunicarse.




   Así, llegó a mis manos esta joya del sadomasoquismo escrita por una joven narradora francesa que murió en un trágico accidente de coche a los veintiún años, dejando esta novela como único legado y contribuyendo más aún a la mitología del “castigo moral” que merecen ciertas desviaciones eróticas.
   Jamás me ha interesado el sadomasoquismo y, sin embargo, consiguió ponerme cachondo en cinco o seis escenas. Un diez a Vanessa Duriès, flor extraña, diamante en el légamo de las pasiones.


   «Cuando a lo largo de sesiones muy duras me empuja hasta el paroxismo del agotamiento y del dolor físico, llevándome al borde de la ruptura psicológica, me basta con mirarle para constatar su placer y centuplicar mis fuerzas. Hay algo muy obvio que quienes no han sido iniciados en este universo marginal y mágico ignoran: el amo nunca es quien la gente cree que es. El amo se halla en una situación de absoluta dependencia con respecto a su esclavo. En realidad, el amo es el esclavo del esclavo, pues depende de que éste acepte someterse a las sevicias que lo excitan. Cuando uno llega a comprender esta realidad paradójica, ya no tiene por qué avergonzarse de ser esclavo. Al contrario: debido al sutil juego de las relaciones de dependencia, el esclavo puede ser quien ostente el auténtico poder en la relación sadomasoquista».


Traducción: Mercedes Abad

miércoles, 27 de septiembre de 2017

LEÍDO: "Huye sin mirar atrás" de Luis Leante


   Al día siguiente, como había dicho mamá, se presentó el tal Carlos en casa con una maleta y una mochila de lona, de las retro, y a mí se me vino el mundo encima. Era un tío cachas. Se le notaban los músculos bajo una camiseta ceñida muy guapa. Llevaba poca ropa para el frío que hacía, como si viniera de un país tropical. No se puede decir que fuera feo, aunque tampoco era un modelo de revista de moda. Joven no era, porque le calculé unos cuarenta años o un poco más. Si le preguntaras a mamá, te diría que eso es ser joven, pero lo dice porque ya superó la frontera de los cuarenta y se hace ilusiones de que todavía es joven.



viernes, 15 de septiembre de 2017

LEÍDO: “Guía de viajeros” de Miguel Vega

   Cuando uno creía que la literatura, y en concreto la lírica, ya no tenía capacidad de relumbrar exhibiendo el placer fundamental del turismo, llega otro poeta andaluz, sin hacer demasiado ruido, a demostrarnos que todavía queda alguna grieta imperceptible por la que cantar al viaje como arte mágico, como nacimiento y crecida, como vita nuova tras un instante de convulsión al contemplar detalles del paisaje humano en un país extranjero.




JOVEN, DESCONOCIDA, POETA RUSA

En la plaza de las Artes,
amparados por la romántica efigie de Pushkin
—bronce que parece declamar sus poemas,
con el brazo derecho extendido
y el faldón de la levita removido por el viento—,
numerosos y variopintos participantes concurrían a un certamen
de poesía recitada ante el público que ocupaba la plaza
y un jurado que había establecido su mesa frente al monumento.
Las intervenciones tenían que ser necesariamente breves
y los propios poetas se presentaban y leían su poema
aproximándose en orden a un micrófono.
Sonaba bien la lengua rusa en esas variadas lecturas
a cargo de jóvenes con bolsa colgada al hombro,
señoras maduras con vestidos de flores estampadas,
bohemios obesos de pañuelo al cuello y sombrero de paja,
adolescentes rubios con bermudas…
De inmediato, mi mirada voló hasta una jovencita
muy hermosa y bien vestida que aguardaba en la fila.
Decidí esperar hasta que llegara su turno;
deseaba con innegable desazón escuchar su voz,
su acento eslavo modulando la melodía de su texto.

Leyó la composición con voz frágil,
como frágil era su belleza, su figura delgada,
su rostro adolescente de larga cabellera trigueña.
Me marché después de su intervención,
conmovido por el tono de sus incomprensibles palabras rusas.
y por la sutileza de su hermosura.
Ignoro si logró algún premio del jurado,
o si habrá publicado algunos versos;
en la fotografía que conservo de aquella tarde
para mí no podrá ser de ninguna otra,
sino la joven, desconocida, poeta de San Petersburgo.

LEÍDO: “Mantente firme” de Kate Tempest


COMO NOSOTROS DETRÁS DE LOS DINOSAURIOS

Cualquiera que nos suceda
buscará huellas en las hondonadas,
y recompondrá los pedazos de nuestros hábitos
gracias a internet.

Un smartphone fosilizado se protegerá tras un cristal
para que los nuevos jóvenes vaguen por el pasado en viajes escolares
mientras bostezan.



jueves, 14 de septiembre de 2017

LEÍDO: “Hijo” de Raúl Quinto

   Como supongo que les pasaría a no pocos lectores de este libro, el inmediato prejuicio sobre Hijo, más allá de su atractiva portada, era el de una mueca por lo previsible del asunto: la paternidad da un volantazo a nuestra visión de la existencia y el autor va a poetizar en prosa sentimientos que le deslumbran, aunque sean tan antiguos como universales. Algo así como escribir sobre lo dura que es la pérdida de un ser querido o el tránsito hacia la alegría de un traumático divorcio. Hay millones de textos sobre el tema, de todos los colores y categorías.
   Y sí, de alguna manera, es eso, pero, si estamos hablando de Raúl Quinto, era obvio que a los siete segundos ese prejuicio se iba a disolver, que ese asunto sería utilizado solamente como germen de un breve tratado filosófico de la sangre, como pretexto brindado de natura, motor que ruge alegre desplegando metalenguaje de Jabugo, es decir, metavida.




   Copio mi fragmento favorito:

   […] Mira cómo apoya los nudillos de las manos en el suelo para tomar impulso al caminar, cómo se sube a un árbol para braquiar de rama a rama mientras la luz se filtra verde entre la espesura. Millones de soles atrás. En la profundidad de lo no dicho, hasta llegar a una célula en el agua y al misterio del día anterior.
   La sangre de mi hijo es la refutación de la nada. La posibilidad de Dios y del lenguaje, que al fin y al cabo son lo mismo. Mi hijo nació cansado porque venía caminando desde el principio de los tiempos.