lunes, 26 de junio de 2017

LEÍDO: "Home" de Lujo Berner

   Desde la barrera siempre he guardado admiración por los windsurfistas.
   Tuve la experiencia de dar clases en el centro de educación secundaria más excéntrico de toda Cartagena: el instituto Las Salinas del Mar Menor. Allí era abundante el número de bachilleres que dedicaban su tiempo libre al monopatín (el oleaje del asfalto) y a la tabla de windsurf. Así, no era raro encontrarles consultando en su móvil el viento de Hawaii o que te dijeran que su lugar de viaje favorito era Mundaka, la costa australiana o Tarifa.
   Por una cuestión puramente de coeficiente intelectual o de habilidades mentales, también he admirado a los ingenieros. Los listos de la clase, al menos en los años 90, estudiaban Ingeniería.
   Bueno, pues creo que se cierra un círculo de reflexiones y admiraciones íntimas con Home, ya que mi pasión siempre fue la poesía y Lujo Berner reúne esas tres cosas: poesía, surf e ingeniería.
   Porque qué duda cabe de que la poesía es matemática del lenguaje y que el windsurf, que se respira por los cuatro costados en este libro, es la poesía que ensambla el viento y el mar con el hombre, juego puro, el alma contrayéndose y estirándose con elegancia para cuadrar equilibrios en el caos de la naturaleza, Pitágoras revolcándose con la esposa de Neptuno mientras el dios se emborracha con los amigotes.





   En Los años salvajes, las memorias de William Finnegan, se define el surf como un escondite feliz, pero también como un entorno hostil, un mundo indiferente y siempre dinámico.
   Lujo ha entendido a la perfección esa esencia y ha tomado buena nota del autor que ganó el Pulitzer, añadiendo a esa receta algunas salsas de cosecha propia: el espíritu de la Generación Beat, el experiencialismo estético, su clarísima anglofilia y su poquito también de francofilia a través de sus querencias musicales. Hay, de hecho, una lista de canciones que se ofrecen al lector para que disponga de ella como la banda sonora de una composición verbal. Hay toda una geopolítica del verso que serpentea desde Galicia al Pacífico en dos estrofas, que se desliza de maravilla por los más dispares topónimos y va inventando planetas durante este viaje a ninguna parte. Con todos estos ingredientes, Berner ha fijado su residencia definitiva en una casa infinita y ha parido Home, publicado precisamente por una editorial de nomenclatura climática y cercana: Boria, un catalanismo heredado y perpetuado en la jerga costera de este sur mediterráneo.


y es que una ola
para los que no lo sepáis
es como juntar un crucifijo y un orgasmo
todos los dioses del mundo y un manual de ebanistería 

domingo, 18 de junio de 2017

LEÍDO: "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury

   Tenía bastantes prejuicios negativos con Ray Bradbury. Lo tenía en mi lista de “libros imprescindibles que, por alguna circunstancia, aún no he leído”, pero Fahrenheit 451 me ha parecido imprescindible. Qué gusto me da tachar esta novela de esa lista.
   Mi rechazo inicial a Bradbury era por pura desinformación o, mejor dicho, información difusa. Me lo vendían como “un clásico de la literatura científica” y esa definición no me ha hecho gracia nunca mucha gracia, ya que la ciencia-ficción no es mi género predilecto ni por asomo. Me pasa lo mismo con Philip K. Dick. Y estoy completamente seguro de que me equivoco. Prejuicios: necesario destrozarlos cuanto antes, aunque sean necesarios para sobrevivir.




   He descubierto, por cierto, que Borges admiraba a Bradbury, en especial por sus Crónicas marcianas.
   Un mundo feliz de Huxley, 1984 de Orwell y Fahrenheit 451 no pierden vigencia, las veo fundamentales para entender el mundo moderno, junto a El guardián entre el centeno, la biblia del outsider. Pero no del futuro estructural, sino del futuro interior.
   He llorado como una nenaza al final. Pocas cosas veo tan hermosas como la misión de los hombres libro.
   Y no. No he visto la adaptación cinematográfica de Truffaut.
   Siempre hay que dejar algo pendiente. ¿Qué estímulo tendría, si no?