sábado, 30 de diciembre de 2017

LEÍDO: “Mamá, quiero ser feminista” de Carmen G. de la Cueva

   Este libro es fresco, apetecible, alegre en su título y diseño, así como neo-yeyé. Sobresalientes las ilustraciones de Malota.
   Y, tras leerlo, compruebo que es de buena digestión, de ligereza sustanciosa. La ligereza la pone la autora, porque narra de forma muy fluida sus peripecias, sus saltos y traspiés adolescentes y juveniles en relación con el amor, la opresión escolar y popular, el descubrimiento de una gran literatura invisible escrita por mujeres parejo al de la “identidad” femenina y su apología de la desinhibición corporal, el provincianismo internacionalista plagado de anécdotas del mundo viajero universitario y laboral, etc.




   La sustancia, lógicamente, la pone el feminismo occidental como una de las causas sociales de primera línea —para mí esa, el ecologismo y la homofobia, por ejemplo, son fundamentales en las ocho décadas siguientes de siglo XXI—, en las que faltan muchos logros que mantener, revisar y hacer brotar viviéndonos, naturalizándonos mediante la educación.
   Parece jodida la cosa, ¿verdad? Leamos y reflexionemos sobre el modus vivendi de nuestros abuelos, nuestros padres, el tuyo y el de tus hijos. Por eso me atraen obras como esta.

LEÍDO: Revista “El vuelo del flamenco” Nº1

   Siempre es motivo de alegría el nacimiento de una revista literaria en papel. Esta se publica desde el Centro Cultural de un antiguo barrio de pescadores de mi ciudad, el de Santa Lucía. La imagen de El vuelo del flamenco, según nos cuenta su coordinador principal, Lázaro Díaz Andreu, «es la metáfora de la propia revista, que une voces que alzan el vuelo por primera vez con otras que solemnemente retornan al cielo. Brillantes siempre, como el plumaje blanco, negro y naranja de los flamencos; como las portadas, páginas y letras de la revista».
   De las voces que aparecen en este primer número destacaría la promesa de fuerza de alguna estrofa de Ana Belén Úbeda Bernal, algún verso de Pablo Serrano, la liquidez abstracta de Gala Hernández y este texto en prosa de Francisco Cenamor:




   [yonkis]

   He tenido un sueño. Me sentaba a contemplar el lugar donde viven los negros, con sus lavadoras, sus televisores, su libertad. Soy un orgulloso negro americano con la sangre agujereada. La saliva comenzó a salir de mi boca empapando la ropa nueva recién sacada del contenedor. El edificio empezó a empequeñecerse, ocupé todo el espacio. Al fondo del pasillo pude ver el espejo. Traté de tocarlo. Bubbles, dijo un cuerpo a mi lado, esta mierda es grande. Soy un negro orgulloso, me llamo Martin Luther King y soy un yonki. Ahora el policía es un negro, el camello es un negro, el que hace las tablas de la Ley es un negro, el que mueve las figuras sobre el tablero es un negro. He tenido un sueño.



         Larga vida.

LEÍDO: “Los cinco y yo” de Antonio Orejudo

   No pertenezco a la generación de Orejudo, sino justamente a la posterior. La mía es heredera del programa La bola de cristal, del primer felipismo. Mi infancia estuvo marcada culturalmente por La Movida, aunque no fuera del todo consciente.
   Cuando tenía diez años, en mi grupo de amigos lectores de la biblioteca de un colegio marista, dedicábamos muchos recreos a sacar préstamos de Los tres investigadores de Alfred Hitchcock, editados por la editorial Molino. Nunca olvidaré un título que me atrapó por encima de todos: El misterio de la casa que se encogía. Los Cinco de Enid Blyton, que en el escaparate de la biblioteca estaban al lado de los misterios juveniles hitchcokianos, nos resultaban ajenos y anticuados; sí, tenían adolescentes detectives en las portadas también, pero sus páginas estaban ya amarillas, declarando que habían servido de entretenimiento literario a alumnos de, al menos, una década anterior.




   Por ello, se me han escapado algunos momentos de complicidad cultural que supongo magníficos a lo largo de esta novela, aunque Orejudo haya tenido la suficiente maestría para que, desconociendo las coordenadas de Los Cinco, captemos la esencia del mundo que creó Blyton y nos asombremos de su potencial. Lógicamente, el mérito de esa valoración de Los Cinco es del narrador de Los cinco y yo, quien sabe interpretar las aventuras de Julián, Dick, Ana, Jorgina y Tim con una sugestión y una clarividencia atípicas, soltando puñados de iluminación sobre la inacción política, social y cultural española de su quinta, las caretas ridículas en la ambición de un escritor, y canalizando el grueso de esta ficción autobiográfica con la división de historias ácidas y rocambolescas 100% Orejudo.
   Si tuviera que reducir a una palabra la valía del humor orejudiano en esta novela, sería “autocrítica”. Creo que nadie ha retratado la autocrítica moral de los españoles que calzan cincuenta años con la sutileza con la que lo ha hecho él. Esto que acabo de decir es más un hecho que una opinión.

viernes, 29 de diciembre de 2017

RELEÍDO: "Don Gil de las Calzas Verdes" de Tirso de Molina




   ¿Cuánto aprendería Tirso de las mujeres confesándolas como fraile mercedario para crear el personaje de Doña Juana? Si se consiguen atravesar todas las capas de arcaísmos y disfrutar de las florituras lingüísticas propias de un genio de la comedia del XVII —en esto sí admito que la filología hispánica, por fin, ayuda—, Don Gil es de una habilidad dramática impresionante aún en 2017, una cúspide psicológica, un despliegue de mundos fingidos, esencia barroca, transformismo avant la lettre, nudo maestro, intriga real y de cartón piedra, burlador burlado y viceversa, el disfraz como primera piel. Nada es lo que parece. Como tu vida.

jueves, 28 de diciembre de 2017

La lista de la compra

   Diez recomendaciones publicadas (o reeditadas) durante 2017 para leer en temporada navideña si no te has ido de viaje o si coges gripe, catarro, empacho o no tienes familia o amigos que te distraigan de un día de manta, sofá y libro. Si no cumples ninguno de estos requisitos, ¡ale!, a callejear; a no ser que, como yo, también leas por las aceras, por centros comerciales, parques, descampados, cafeterías, salas de espera de centros médicos u otros lugares supuestamente menos cómodos a la hora de practicar este “deporte”:


   1ª) Ana Blandiana: Octubre, noviembre, diciembre




   2ª) Alejandra Pizarnik: Poesía completa




   3ª) Mercedes Cebrián: Mercado común




   4ª) Esther García Llovet: Cómo dejar de escribir




   5ª) Abril Posas: El triunfo de la memoria




   6ª) María Cegarra: Cristales míos




   7ª) Belén Gopegui: Deseo de ser punk




   8ª) Anna Ajmátova: Réquiem




   9ª) Juan de Dios García: Un fotógrafo ciego





   10ª) Elizabeth Bishop: Poesía completa




   PS. La novena recomendación es porque esta lista se publica un 28 de diciembre, el December Fool’s Day español. También es un homenaje a Ángel Manuel Gómez Espada, que en su muro de Facebook afirmó que nadie tendría valor de colocar su propio libro en la lista de 2017. Va por ti, socio.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LEÍDO: "Hermann y Dorotea" de J. W. Goethe

   Quién pudiera leer el original de este idilio burgués en hexámetros alemanes de imitación homérica. O, mejor, quién pudiera leer su Fausto o su Viaje a Italia [Italienische Reise]. No se puede tener todo, de modo que nos contentamos con la traducción en prosa al castellano, que, por otra parte, prefiero a ciertos retos desastrosos de convertir al verso español ciertos monumentos en su original italiano, francés, inglés, latín o griego antiguo. Ya me ha pasado con la Vita Nuova de Dante o con alguna comedia de Shakespeare.




   Pero a lo que iba es que Goethe, creo, fracasa en esta obra olvidada —¿con justicia?— planteando una “revolución desde el cortijo/chalet” en la que sí triunfa el amor, pero bendecido por un cura, consensuado con los padres y presenciado por el boticario, esa figura tan añeja como rancia de la literatura universal.
   Quizá no se pudiera pedir otra cosa tras la tragedia continua que se vivía en la civilización europea posterior a la Revolución Francesa.
   Quizá la propuesta —aburridísima, confortable— de Goethe a través de estos nueve cantos dedicados a las musas clásicas sea regresar al pastoreo y a la siembra, a la armonía humana y natural.
   Por mi parte, yo en el campo duro tres días. Al cuarto ya estoy del olor a cabra hasta la coronilla. Supongo que eso me convierte en un revolucionario afrancesado...
   Vale, vale. No frivolicemos.
   Lo dicho: no se puede tener todo.
   Y no lo digo yo. Lo dice la vida.



Traducción: Alfredo Gallant

LEÍDO: "Orestes" de Eurípides

   Varios, ligeros y vulgares apuntes tras leer esta tragedia a la que, por las razones que fueren, aún no había metido mano:

   —Vaya dos perlas de hijas le salieron al honrado rey espartano Tíndaro. Y no sólo Clitemnestra y Helena, que también Timandra tenía lo suyo, aunque no tenga vela en este “entierro”.
   —Por sabido no deja de impresionar que Helena siga tan soberbia como bella y que Electra sea una lianta de aúpa.
   —Al principio he de reconocer que me parecía que la amistad de Pílades con Orestes y Electra era básicamente por arrimar la cebolleta a la hermana del protagonista, pero conforme avanza la acción se comprueba su lealtad absoluta, su negra pureza. La lealtad, pues, como posible camino de perdición.




   —Orestes viene de una familia de asesinos. Es desasosegante la sensación de que nunca se romperá esa cadena de maldición.
   —La violencia de Áyax no conoce descanso. Se palpa perfectamente en su intervención en la asamblea de los argivos mientras se decide sobre Orestes. Me parece un personaje más inquietante de lo que parece. Tengo pendiente revisar —no lo hago desde los dieciocho años— la obra que le dedica entera Sófocles.
   —¿Existen dioses más crueles que los griegos? Aquí, concretamente, Apolo coloca el nivel de mala leche muy alto. No me extraña que Orestes le desafíe con la muerte de la hija de Menelao, quien —y en eso estoy de acuerdo con Orestes— solamente es valiente entre asuntos de mujeres. Y ni siquiera con todas.
   —De entre los trágicos, creo que Eurípides es, con diferencia, el que más flow tiene.


Traducción: Nora Andrade

LEÍDO: "Crítica de la razón dialéctica" de Jean-Paul Sartre

   Seguimos celebrando esta febril —en sentido estricto— Navidad con Crítica de la razón dialéctica. Más Sartre, droga dura para un lector frívolo del siglo XXI como el firmante. Aquí rescato algunos párrafos breves que me han interesado de esta prosa sartreana apretadísima en dos volúmenes:




   Pero hay otro existencialismo, que se ha desarrollado al margen del marxismo y no contra él. Así es el nuestro.


[…]


   A partir del día en que la investigación marxista tome la dimensión humana (es decir, el proyecto existencial) como el fundamento del Saber antropológico, el existencialismo no tendrá ya ninguna razón de existir.


[…]


   Si algo como una razón dialéctica existe, se describe y se funda en y por la praxis humana a hombres situados en una cierta sociedad, a un cierto momento de su desarrollo.


[…]


   Nada, en efecto —ni las grandes bestias, ni los microbios—, puede ser más terrible para el hombre que una especie inteligente, carnicera, cruel, que sea capaz de comprender y de desmontar la inteligencia humana y cuyo fin es precisamente la destrucción del hombre. Esta especie es evidentemente la nuestra, tal como lo aprehende todo hombre entre los otros hombres en el medio de la escasez.


[…]


   El Terror es la violencia de la libertad común contra la necesidad en tanto que ésta no existe más que por la alienación de alguna libertad.


[…]


   No existe una praxis ontológicamente común: existen individuos prácticos que construyen su multiplicación como un objeto a partir del cual cada uno cumplirá su tarea en la libre heterogeneidad consentida (y jurada) de la función común.


[…]




   Si se concede a Marx y a Engels la lucha de clases —es decir, la negación de las unas por las otras; en otras palabras, la negación sin más— tienen bastante para comprender la Historia. Pero aún es preciso encontrar la negación en el punto de partida.


[…]


   La enajenación fundamental viene de la relación unívoca de interioridad que une al hombre como organismo práctico con su medio.


[…]



   Desde nuestro punto de vista, la imposibilidad para el proletariado de ejercer una dictadura está formalmente demostrada por la imposibilidad de que el grupo, bajo cualquier forma, se constituya en un hiperorganismo.


Traducción: Manuel Lamana

LEÍDO: "Valdano, sueños de fútbol" de Carmelo Martín

   Como es habitual en las publicaciones para vaciar los bolsillos del lector por su adoración a un ídolo momentáneo, si no nos fijamos demasiado en la letra pequeña, en la portada de Sueños de fútbol parece entenderse que lo ha escrito el mismo Jorge Valdano, pero está realmente firmado por el periodista deportivo de El País Carmelo Martín.
   Letra mediocre y efímera, aunque efectiva en lo que concierne al objetivo industrial que se marcó la editorial El País/Aguilar en 1994: crear altas expectativas para que cada apasionado del jugador y entrenador argentino disfrutara con sus hitos deportivos y sus reflexiones, las cuales son inferiores a las de Calamaro, otro argentino futbolero de práctica física nula, pero con más recursos metafóricos para explicar el balompié con algo de “brillo filosófico”. Puestos a elegir entre la sabiduría del de Santa Fe y el de Buenos Aires, me quedo con Andrés.




   Copio un párrafo del final del capítulo tres:

   Un titular de La Gazzetta dello Sport decía sobre el Milán: «Así se juega en el paraíso». A eso mismo aspira Valdano, sea en el Tenerife o en el Real Madrid. En ningún caso se le podrá imaginar vegetando en clubes con mera vocación terrenal. Ése, opina, es el fútbol que merece ser amado.
   Una vez, un amigo, arrobado por el extraordinario espectáculo que estaban dando el Barcelona y el célebre equipo italiano que inspiró aquel titular periodístico, se puso en pie a mitad del partido, se miró la bragueta y explotó de placer:
   —Este fútbol mancha, hay que verlo con preservativo.


   PS. Ni que decir tiene que mis bolsillos no han sido rascados por la compra de este ejemplar de Sueños de fútbol, que leo con veintitrés años de retraso a causa de una de mis varias enfermedades literarias: sacar libros de la biblioteca pública que, en un momento de la juventud, llamaron mi atención.

LEÍDO/VISTO: "Quiromante" de Antonio Gómez Ribelles

   Deberían hacerse más libros como éste. No es el catálogo de una exposición, tampoco es un libro de poemas donde impere exclusivamente lo verbal. Tampoco es una muestra de poesía visual…  Pero ¿para qué darle tantas vueltas si nos lo define el mismo pintor/escritor en el subtítulo? ¡Es Un libro de imágenes!
   Y, contradiciéndome de nuevo, si no se hacen más libros como Quiromante no pasa nada. Me quedo satisfecho con que exista éste y pueda paladear sus ilustraciones y ver sus poemas:




HAY ALGO extraordinario en él, en un hom-
bre que viste de traje y corbata en la playa y en
el fútbol. Y se sienta rodeado de gente en pie.

Ir al fútbol, usar boina o sombrero,
fumar cigarros,
nunca haber dicho lo que debía,
no haber tocado lo suficiente.

Hay algo ordinario en vestir
traje y corbata.

RELEÍDO: "Don Juan Tenorio" de José Zorrilla

   Es raro el año que no releo este libro y, curiosamente, hace tiempo que mi parte favorita, a nivel puramente estilístico, es cuando Mejía y Tenorio se pavonean con sus listas anuales de tropelías, asesinatos y humillaciones sexuales en la hostería sevillana de Buttarelli.
   Copio el sublime momento, cuando este par de simios se están —como diría un gallito del hip hop— tirando unos beef impresionantes.





   —LUIS: ¡Oh! Y vuestra lista es cabal.
   —JUAN: Desde una princesa real
a la hija de un pescador,
¡oh!, ha recorrido mi amor
toda la escala social.
¿Tenéis algo que tachar?
   —LUIS: Sólo una os falta en justicia.
   —JUAN: ¿Me la podéis señalar?
   —LUIS: Sí, por cierto: una novicia
que esté para profesar.
   —JUAN: ¡Bah! Pues yo os complaceré
doblemente, porque os digo
que a la novicia uniré
la dama de algún amigo
que para casarse esté.
   —LUIS: ¡Pardiez, que sois atrevido!
   —JUAN: Yo os lo apuesto si queréis.
   —LUIS: Digo que acepto el partido.
Para darlo por perdido,
¿queréis veinte días?
   —JUAN: Seis.
   —LUIS: ¡Por Dios, que sois hombre
extraño!
¿cuántos días empleáis
en cada mujer que amáis?
   —JUAN: Partid los días del año
entre las que ahí encontráis.
Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas
y una hora para olvidarlas.
Pero, la verdad a hablaros,
pedir más no se me antoja,
porque, pues vais a casaros,
mañana pienso quitaros
a doña Ana de Pantoja.
   —LUIS: Don Juan, ¿qué es lo que decís?
   —JUAN: Don Luis, lo que oído habéis.
   —LUIS: Ved, don Juan, lo que
emprendéis.
   —JUAN: Lo que he de lograr, don Luis.

LEÍDO: "La aventura de La Mora" de Ginés García Martínez






   Cuando el utilitarismo salvaje ataque de nuevo a los poetas argumentando su ineficacia para el provecho del hombre, me defenderé hablando de este libro que me encontré al pie de un contenedor el otro día. Trata de la aventura que supuso el traslado, a finales de los años 60, de una pesada campana de la catedral de Murcia a Cartagena —un hecho vital para la Historia de la Humanidad, qué duda cabe— y de las dificultades que se encontraron para averiguar qué ponía en la inscripción de dicha campana, llamada “La Mora” precisamente por la rareza de dichas letras latinas y de otras figuras y símbolos erosionados por los siglos. Va acompañado de ilustraciones de la faja superior de la campana, de la inferior, de sus cruces y anagramas centrales y su pentalfa pitagórico, que da pie a rellenar dos páginas más de obviedades sobre la magia y la simbología astrológica en la época de Alfonso X El Sabio. Yeah!
   Al terminar de leerlo, pensaba donarlo a algún depósito de libros usados, pero después he decidido abandonarlo donde lo encontré. Dentro, eh. Y en el contenedor de papel, faltaría más, que uno recicla y tiene su corazoncito ecológico.

martes, 26 de diciembre de 2017

LEÍDO: "Sartre y la razón dialéctica" de Ignacio Sotelo






   La política del partido, la política de la Unión Soviética se apoya en la violencia. Koestler, en su Cero y el infinito, ha revivido los procesos de Moscú. Comunismo significa terror: es el gran argumento de la burguesía. Merleau se revuelve con indignación contra tal sofisma. ¿Es que el comunismo ha inventado la violencia? ¿Es que no existía antes de la Revolución de Octubre? ¿Acaso no hay violencia fuera de los países comunistas? El terror que lleva consigo el comunismo sería muy fácil de condenar desde un mundo de la no-violencia. Un mundo social donde no hubiera violencia no necesitaría de ninguna violencia revolucionaria. Esta, más que justificable, sería impensable. La elección no se plantea entre el terror y el no terror, sino entre dos clases de terror. «No existe más que violencia y la violencia revolucionaria debe preferirse porque tiene un porvenir de humanismo».
   El argumento es válido siempre que se muestre que el comunismo tiene un porvenir humanista, que el terror revolucionario acabará un día con el terror, en vez de convertirse en una nueva forma de terror. […] Si no sucediera así nada tendría sentido. Pero ¿por qué la historia ha de tener sentido? Quizá la vida social no sea más que violencia, todo sistema político se base en la violencia y no haya forma de salir nunca de la violencia.


   [...]


   La afirmación central de la ontología de Sartre es, pues, que el Ser no existe fuera del hombre. Suponer un Ser fuera del hombre en el que se apoyase, es negar al hombre, es justificar la enajenación real, en último término, tomar una postura antihumanista. Esto es lo que reprocha Sartre tanto a Heidegger como al Materialismo: ambos buscan el Ser fuera del hombre. Para Sartre, en cambio, humanismo quiere decir que el fundamento del hombre es el hombre mismo; cualquier otra respuesta es teológica. Identifica así ateísmo y humanismo. Si Dios existe, el hombre no se fundamenta en sí ni es él mismo su futuro. Todo teísmo —buscar el Ser fuera del hombre— es un antihumanismo.

viernes, 22 de diciembre de 2017

RELEÍDO: "Edipo Rey" de Sófocles





   CREONTE.— […] Con el tiempo, podrás conocer que esto es cierto, ya que solo el tiempo muestra al hombre justo, mientras que podrías conocer al perverso en un solo día.

   […]

   TIRESIAS.— […] Y puesto que me has echado en cara que soy ciego, te digo: aunque tú tienes vista, no ves en qué grado de desgracia te encuentras ni dónde habitas ni con quiénes transcurre tu vida.

   […]


   EDIPO.— ¡Ah, ah, desgraciado de mí! ¿A qué tierra seré arrastrado, infeliz? ¿Adónde se me irá volando, en un arrebato, mi voz? ¡Ay, destino! ¿Adónde te has marchado?


Traducción: Carlos Miralles Solá