martes, 26 de diciembre de 2017

LEÍDO: "Sartre y la razón dialéctica" de Ignacio Sotelo






   La política del partido, la política de la Unión Soviética se apoya en la violencia. Koestler, en su Cero y el infinito, ha revivido los procesos de Moscú. Comunismo significa terror: es el gran argumento de la burguesía. Merleau se revuelve con indignación contra tal sofisma. ¿Es que el comunismo ha inventado la violencia? ¿Es que no existía antes de la Revolución de Octubre? ¿Acaso no hay violencia fuera de los países comunistas? El terror que lleva consigo el comunismo sería muy fácil de condenar desde un mundo de la no-violencia. Un mundo social donde no hubiera violencia no necesitaría de ninguna violencia revolucionaria. Esta, más que justificable, sería impensable. La elección no se plantea entre el terror y el no terror, sino entre dos clases de terror. «No existe más que violencia y la violencia revolucionaria debe preferirse porque tiene un porvenir de humanismo».
   El argumento es válido siempre que se muestre que el comunismo tiene un porvenir humanista, que el terror revolucionario acabará un día con el terror, en vez de convertirse en una nueva forma de terror. […] Si no sucediera así nada tendría sentido. Pero ¿por qué la historia ha de tener sentido? Quizá la vida social no sea más que violencia, todo sistema político se base en la violencia y no haya forma de salir nunca de la violencia.


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   La afirmación central de la ontología de Sartre es, pues, que el Ser no existe fuera del hombre. Suponer un Ser fuera del hombre en el que se apoyase, es negar al hombre, es justificar la enajenación real, en último término, tomar una postura antihumanista. Esto es lo que reprocha Sartre tanto a Heidegger como al Materialismo: ambos buscan el Ser fuera del hombre. Para Sartre, en cambio, humanismo quiere decir que el fundamento del hombre es el hombre mismo; cualquier otra respuesta es teológica. Identifica así ateísmo y humanismo. Si Dios existe, el hombre no se fundamenta en sí ni es él mismo su futuro. Todo teísmo —buscar el Ser fuera del hombre— es un antihumanismo.

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