jueves, 4 de enero de 2018

LEÍDO: “Aprendiz” de Antonio Luis Ginés

   Desde ‘La cuesta’ a ‘Mi edad’, pasando por ‘La roca’, ‘Columpio’, ‘Granizo’, este libro es una lección callada de tener el espíritu claro, de escoger las palabras en las que veamos verdad lírica, la exactitud para despreocuparnos de la armonía.
   Flaubert escribió en sus Souvenirs, notes et pensées intimes que el estilo es la vida, la sangre misma del pensamiento. Et voilá:




LA ROCA

Había que lanzarse.
La caída no era muy grande,
un par de metros,
quizás tres. La roca ardía
bajo las plantas de los pies,
y había que decidirse pronto.
En ese momento, ¿qué mirábamos?
El embalse, agua por todas partes
y nuestro corazón latiendo
acelerado. No pensar,
lanzarse, decíamos, era el secreto.
El miedo nos dejaba
los pies pegados a la roca.
Nunca sabíamos con certeza, qué había
debajo, si alguna piedra esperando
nuestra carne para abrirla,
si nos aguardaba
—como luego comprobamos más tarde,
un año sin lluvias— quince,
veinte metros de profundidad
hacia un abismo escalofriante.
Qué poco éramos allá arriba:
peces diminutos
fuera del agua.
Había que lanzarse.
La roca sigue en el mismo lugar.
Este año la sequía vuelve
a dejarla desnuda,
pero sin pies calientes
que le ofrezcan un poco de sombra.

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